Prácticamente
al año de realizada la versión cinematográfica
de la serie animada de Tv sobre Los 4 Fantásticos (Fantastic
Four), basada a su vez en el comic de la editorial Marvel,
llega a nuestras pantallas la segunda parte, centrada en un nuevo
personaje extraterrestre rival de los populares super héroes:
el Deslizador de Plata.
La
estrategia mercadotécnica de la Fox fue emprender de inmediato
la secuela, a pesar de que la película original se quedó
por abajo de sus expectativas en taquilla: habiendo costado alrededor
de 100 millones de dólares, recaudó 155 millones
en Estados Unidos y un total de 330 millones a nivel mundial.
Si
consideramos que sólo la tercera parte, en terminos globales,
de los ingresos regresa al productor, ubicamos la real dimensión
de su resultado comercial. Fue una cinta que tuvo que esperar
a su distribución en video para obtener ganancias.
Pero
el estudio apostó a la secuela, en una especie de segunda
oportunidad. Con los mismos elementos narrativos, el mismo director
(el californiano de raza negra, Tim Story, un artesano dedicado
a cumplir su encomienda), el mismo esquema de acción y
los mismos actores, esta película va en camino de tener
mejor suerte en el box office, ya que en su semana de estreno
cosechó cerca de 60 millones.
Sin
pretensions mayores, se trata de un producto eminentemente concebido
como forma de entretenimiento. En este sentido, cumple cabalmente
su objetivo.
No
destaca ni por la sagacidad de sus diálogos ni por el tratamiento
de los personajes: contado de manera estrictamente lineal, se
basa en la acción continua de persecuciones, ataques, peleas,
con una amplia dosis de fantasía que sólo retoma
la raíz pura del comic, respaldado por una sofisticada
gama de avanzados efectos visuales, creados principalmente por
la compañía Weta Digital en Nueva Zelanda.
El
cine cumple con su función básica de entretenimiento.
El mérito de la cinta, igual que su antecesora, es no caer
en pretensiones, ni en manipulaciones sentimentales ni en enredos
argumentales.
Desde
el principio establece con claridad su objetivo, y lo realiza
de manera ligera, con habilidad narrativa, con ciertos toques
de humor no muy ingeniosos pero agradables, y básicamente,
con un espectacular despliegue de efectos.
Es
lo que denominamos una cinta palomera, dirigida a pasar el rato,
pero ésta es una cualidad que no podemos desdeñar
ni decir de todas las producciones de alto presupuesto, porque
divertir es diferente al simple hecho de no aburrirse.
Como
en las películas más taquilleras de los últimos
años, Los 4 Fantásticos es un despliegue
de imaginación, que el cine contemporáneo puede
darse el lujo gracias a los sorprendentes avances en materia tecnológica.
Los
resultados pueden ser muy diversos: desde la profundidad y la
magistral recreación de un mundo imaginario tenebroso de
la trilogía de El Señor de los Anillos (The
Lord of the Rings) hasta la insipidez de la nueva versión
de Superman (Superman Returns) o la sangronería
de la tercera parte de El Hombre Araña (Spider-Man),
hasta ahora la producción más costosa de la historia.
Los
4 Fantásticos y el Deslizador de Plata (Fantastic
Four; Rise of the Silver Surfer) es una obra irrelevante,
pero amena; esa es su debilidad pero también su mérito.
No crea demasiadas expectativas y de principio a fin marca una
línea que nunca desvirtuará, en tanto sus personajes
principales resultan simpáticos.
Hay
que agradecer que no hay excesos de violencia como en Transformers,
ni hace alarde de psicópatas como en la serie de Duro
de Matar (Die Hard). de la que ya se estrena una innecesaria
cuarta parte; ni cae en despliegues patrioteros como Spider Man
3. todas ellas situaciones comunes de algunas de las producciones
de Hollywood.
Simplemente se ve con gusto.