La Crítica de la Semana Marzo de 2007

 

SUEÑOS PERDIDOS
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El actor cubano Andy García, con una larga trayectoria en Hollywood, ofrece su primer largometraje como director en una larga película sobre la caída del régimen de Fulgencio Batista en Cuba y el ascenso de Fidel Castro al poder, en 1959.

Sueños Perdidos (The Lost City) es en realidad un testimonio personal del actor convertido en director, sobre su pensamiento politico. Muestra su visión de la revolución cubana, pero se deja arrastrar por sus fobias anticastristas, su tendencia derechista característica del exilio cubano en Miami.

El resultado es un drama bofo que es más un panfleto convencional, sin valor social y sin mérito artístico.

Ello se debe a una evidente falta de talento de García, una obvia pretenciosidad que lo lleva a asumir que está realizando la gran obra épica de este suceso histórico, pero que se derrumba desde el principio por el más que evidente planteamiento tendencioso, su obsesión por criticar a Castro y al Che Guevara, cayendo en lugares comunes, en una óptica tan banal como chantajista.

Porque toda la película, además de monótona, es de una simplicidad absoluta. En un muy poco objetivo relato, se evita criticar al gobierno dictatorial de Batista que condujo al triunfo de Castro con el inmenso apoyo popular y se cae en diálogos superficiales, en los que se refiere a la falta de democracia como recurso crítico contra la revolución, pero se descontextualiza el momento coyuntural, en tanto los argumentos a favor de este movimiento son elementales.

Así por ejemplo, el personaje del hermano que se une a la guerrilla castrista y termina suicidándose, después de ser insultado por su padre burgués y abofeteado por el propio Andy García, evoca la manipulación y el primitivismo argumental de la cinta.

No se trata de ninguna maner a de defender la dictadura de Castro o las políticas de represión e intolerancia a las que ha sujeto a Cuba, aferrándose al poder por medio siglo.

El problema es que Andy García cae en una visión banal, burda, torpe. Pero lo más reprochable es que cede al oportunismo de tratar de ser “políticamente correcto”, queriendo mostrar su apego y su amor hacia su pais natal, así como las cualidades de la música popular cubana.

Lamentablemente, este intento por enseñarnos la riqueza cultural cubana, se da con calzador en el desarrollo narrativo: nunca puede hallar el punto adecuado para armar una historia inteligente, o al menos, eficaz.

Todo es un collage de números musicales sueltos dentro de una trama tosca y simplista. Da una muestra de incapacidad, una lección de lo que no se debe hacer, cuando al recrear el asalto al palacio presidencial, entremezcla escenas musicales, rompiendo cualquier intento de imprimir un sentido dramático.

No hay intensidad, ni siquiera sabe crear interés en el espectador, no suscita emociones, ni incita a la reflexión. En una palabra, no logra nada con su inútil y tramposa película.

Lo que nos ha ofrecido Andy García, quien también es el intérprete central (en una pobre actuación, sin matiz dramático) y autor de una música insípida, es un mero ejercicio de megalomania, sin valor ni trascendencia cinematográfica.

Ello se refleja con claridad en una escena final que raya el ridículo, donde él mismo escucha la música sentado dubitativamente en su cabaret, se levanta, hace unos chuscos movimientos dizque de baile y sube pedantemente las escaleras. Esa escena, como la película en su conjunto, causa pena ajena.

Además, el guión, inconcebiblemente atribuido al ya fallecido escritor cubano exiliado Guillermo Cabrera Infante, desarrolla personajes de caricatura, injustificados en el contexto temático, como el del comediante que encarna Bill Murray, quien repite su papel de siempre, incapaz de tener una minima versatilidad, cuya inclusion en el reparto parece ser sólo una concesión al amigo, al igual que sucede con Dustin Hoffman, aunque éste sí se defiende en sus dos breves apariciones como lider mafioso.

Atrapado en su pedantería, sintiéndose el artista grande que nadie merece, con su carrera estancada, donde sus únicos éxitos recientes (en este caso, a nivel comercial, que no artístico) son en un papel menor en la serie de La Gran Estafa (Ocean’s Eleven) y sus dos secuelas, su opera prima se va al despeñadero.

Con Sueños Perdidos, es un hecho que Andy García fracasa como cineasta y como actor, ahogado, no por sus pasiones, sino por sus fobias.

 
     
 

The Lost City

(Película estadunidense dirigida por Andy García con guión de Guillermo Cabrera Infante; Fotografía: Emmanuel Kadosh; Música: Andy García; Edición: Christopher Cibelli. Intérpretes: Andy García, Inés Sastre, Tomas Milian, Richard Bradford, Néstor Carbonell , Bill Murray y Dustin Hoffman) (2005)

 
  Eduardo Marín Conde  
 
 

 




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 Última actualización 11 de Marzo de 2007.