Dentro
de la serie de thrillers provenienbtes de Hollywood, hay una tendencia
a la manipulación de la audiencia, el engañoso juego
argumental para forzar un happy end, con la intención de
complacer al mayor número posiblee de espectadores.
Paradójicamente,
este tipo de películas derivan en tropiezos comerciales,
que a su vez lo son por partida doble, ya que es común
que ante sus excesivos trucajes temáticos, se malogran
en el plano artístico.
Una
producción de reciente estreno, respaldada con un amplio
esquema promocional, fue un monumental fracaso taquillero: Seduciendo
a un Extraño (A Perfect Stranger), por no hablar del
estrepitoso fracaso el año pasado de Bajos Instintos 2.
Pues
ahora llega a la cartelera otro thriller muy promovido, que suscitó
buenas expectativas, pero que resulta totalmente decepcionante.
Nos referimos a Crimen Perfecto (Fracture),
que se aleja, a diferencia de los anteriores, de la línea
erótica ya que se aboca a la parte judicial, pero que mantiene
como punto de sustento la dosis de suspenso, la investigación
de un asesinato, la sospecha de un culpable.
El
resultado es desastroso. Si algo caracteriza a la película
es la incoherencia argumental. Los absurdos, los vacíos
narrativos, la pobreza en la descripción de los personajes
centrales, la disgregación de las líneas narrativas,
se suceden a lo largo de toda la historia.
El
filme no resiste un mínimo análisis lógico.
El problema es que el espectador se siente incómodo, irritado,
ante el cúmulo de situaciones burdas que sólo tienen
un propósito: la manipulación.
Es
tal el enredo que para cumplir forzadamente con la encomienda
complaciente del happy end, deben recurrir al recurso más
elemental y menos talentoso: es el propio personaje principal,
el del millonario y perverso Ted Crawford (interpretado por el
gran Anthony Hopkins, cuyos esfuerzos por darle fuerza al relato
resultan inútiles ante la pobreza de la trama), el que
sin razón alguna, decide confesar todo ante su perseguidor,
al que ha humillado públicamente.
En
el cine la clave radica en la verosimilitud, el que el espectador
crea lo que está viendo en pantalla en ese momento, lo
que no tiene que ver con el estricto realismo.
Asimismo,
la cinta tropieza en la recreación narrativa: desde el
principio se ve que es el propio Crawford el que dispara y asesina
a su esposa. Ni siquiera se deja la posibilidad de despertar la
duda en el público, de levantarle el interés de
la suspicacia, de jugar con sus emociones, de adentrarlo en la
trama.
El
esquema, chantajista y simplista, busca determinar un tono maniqueísta
quién es el bueno y quién el malo.No se permite
al espectador pensar, deducir, reflexionar. Se le quiere postrar
en una actitud pasiva.
El
director Gregory Hoblit muestra todas sus desesperantes limitaciones
para la concepción cinematográfica. Sin creatividad,
sin talento visual, sólo se dedica a encuadrar los planos,
a seguir la línea de un guión complaciente y banal.
Conocido
por dirigir varios episodios de la popular serie de Tv, NYPD
Blue, sus tropiezos en la pantalla grande son permanentes:
La Raiz del Miedo (Primal Fear) , desaprovechada a pesar
del atractivo de su tema, así como Poseidos (Fallen)
y Desafío del Tiempo (Frequency), todas pasaron
desapercibidas, de modo gris, sin destacar ni en el aspecto visual
ni en el impacto de la historia, amén que ninguna tuvo
buena acogida en el box office.
Desaprovechado
Hopkins, el joven actor canadiense Ryan Gosling, a quien descubrimos
en la cruda El Creyente (The Believer), nominado este mismo año
al Oscar como mejor actor por la cinta independiente Half Nelson,
no puede explotar sus cualidades.