La
tercera película de la exitosísima serie de Shrek,
convertida en todo un fenómeno sociológico de la
cultura cinematográfica, sigue la misma fórmula
que la catapultó a un arrollador triunfo comercial: explota
los mismos persoanjes, recupera a varios de ellos de los cuentos
infantiles clásicos, juega con las dualidades belleza-fealdad
y bondad-maldad, en el plano convencional.
Es
una nueva producción basada en la avanzada tecnología
digital y la excelencia en la imagen de los dibujos animados realizados
por computadora.
La
expectación mercadotécnica creada por esta segunda
secuela de la obra original del año 2001, le tenía
garantizado el éxito en el box office. Así, Shrek
Tercero (Shrek the Third) ha logrado recaudaciones
de alrededor de 300 millones de dólares tan sólo
en Estados Unidos, la segunda más alta del año,
detrás de otra tercera parte: Spider-Man 3.
El
primer Shrek, con el que el estudio Dreamworks, de Steven Spielberg,
el ex ejecutivo de Disney, Jeffrey Katzenberg, y el magnate musical
David Geffen, se convirtió en un temible competidor en
este género para Disney, Era un cuento de hadas que poseía
una magia y un alma propia, derivada del ingenio para crear un
personaje tan original, tan entrañable, insertado en el
mundo de los personajes de los cuentos infantiles más famosos
y populares.
Era
una obra plagada de magia, de sorpresas, que derivaba en un final
pasmoso y anti convencional. Era tan arriesgado como hermoso,
tan cautivador como audaz.
Para
muchos, incluyendo mi opinión personal, es la mejor cinta
de animación jamás realizada.
El
primer Shrek cosechó 268 millones de dólares
en Estados Unidos, y se erigió como un auténtico
ícono de la cultura popular contemporánea.
Por
ello, y como consecuencia lógica, su continuación,
realizada tres años después, cuando el personaje
todavía se hizo más popular gracias al video y prácticamente
alcanzó la categoría de mito, pulverizó todos
los records de taquilla para una cinta de dibujos animados, superó
con creces a otro fenómeno, El Rey León (The
Lion King), y se convirtió en la tercera película
más taquillera de la historia en ese país, con 435
millones de dólares, sólo por atrás de Titanic
y La Guerra de las Galaxias (Star Wars).
Las
dos primeras partes de Shrek sumaron un total de 1,300 millones
de dólares a nivel mundial. Con Shrek Tercero,
esta trilogía de animación ha tenido ingresos por
mil millones de dólares en EUA.
Ahora
bien, más allá del formidable éxito comercial,
el resultado en cuanto a su calidad, es muy diferfente a su antecesora.
Si bien no deja de ser decoroso, ya que vuelve a ser un producto
entretenido, ameno, afable, está lejos del impacto, del
sentido creativo, de la capacidad de imaginación de la
producción original, y aún es menor al alcance de
la segunda parte, y a su poder de atracción para enganchar
a la audiencia.
Le
hace falta un ingrediente fundamental que caracterizó al
primer Shrek: nada menos que el encanto.
Shrek
Tercero es divertido pero carece de encanto. Ha quedado
reducida a una más de las cintas de animación simpáticas
y agradables, pero olvidables; incapaces de trascender, incapaces
de cautivar.
Por
ende, está muy distante de la magia y del nivel de los
filmes animados que han convertido a este género en la
vanguardia cinematográfica, como Toy Story y
Toy Story 2, Buscando a Nemo (Finding Nemo), Los Increíbles
(The Incredibles), Cars o Happy Feet, por mencionar sólo
los de los grandes estudios de Hollywood.
Y
es que en Shrek Tercero todo es una simple repetición de
los elementos que nos sorprendieron hace seis años, y que
ahora se presentan entremezclados en una historia diferente pero
que se mueve bajo las mismas directrices.
Algo
tiene que ver en que el director ya no es el mismo de las dos
primeras: Andrew Adamson, quien ahora funge únicamente
como uno de los guionistas.
Nada
nuevo, pues. Y por lo tanto, prescindible.