La
historia de la invasión norteamericana a la isla de Iwo
Jima, en el Pacífico, cuya batalla fue decisiva en el curso
de la II Guerra Mundial, fue llevada a la pantalla por Clint Eastwood
en La Conquista del Honor (Flags of Our Fathers), la
cual se centraba en la historia de los soldados que pusieron la
bandera de las barras y las estrellas en lo alto del monte Suribachi,
imagen inmortalizada en una fotografía y convertida en
el ícono del patriotismo norteamericano.
El
filme era una crítica a la manipulación propagandística
de la guerra por cuestiones políticas y evocaba el destino
de aquellos soldados, poco afortunado para algunos. Por eso resulta
inconcebible que más de 60 años después,
todavía en Estados Unidos se atrevan a volver a chantajear
con esa imagen, la cual fue escenificada una vez más en
el reciente Super Bowl en Miami.
La
película poseía, sin duda, firmes cualidades, sobre
todo en la recreación de las escenas de guerra y en el
testimonio anti bélico, pero cojeaba de una cierta visión
sensibilera y caía en excesos en el recurso del flash back.
Ahora,
Clint Eastwood, consolidado como un excepcional cineasta, a sus
76 años de edad, decide contar esta misma historia de Iwo
Jima, pero desde el lado de los vencidos, es decir, desde la óptica
de los japoneses que defendieron ese bastión.
Lo
que ha hecho Eastwood es verdaderamente extraordinario: dos películas
inmediatas, casi simultáneas, para contemplar los dos ángulos
de la historia.
El
resultado es Cartas Desde Iwo Jima (Letters
from Iwo Jima), una obra asombrosa, más redonda, más
sólida, más impactante y más valiosa que
su antecesora.
Eastwood
comenta que durante la filmación de La Conquista del
Honor, conoció las cartas que los combatientees japoneses
habían escrito en aquellos días, que habían
sido enterradas. Fue entonces cuando decidió contar este
lado de la historia, ante la gran tragedia que revelaban los escritos.
Y
vaya que ha cumplido con creces su objetivo, logrando captar la
esencia total de ese drama humano. El filme conserva las virtudes
de La Conquista del Honor, pero no posee sus puntos débiles.
Cartas
Desde Iwo Jima es un testimonio, tan trascendente
como estremecedor, de la barbarie y la crueldad de la guerra,
un vigoroso manifiesto que cobra particular vigencia hoy en día,
ante la cada vez más irracional invasión estadunidense
en Irak, convertido en un infierno por la arrogancia y la soberbia
del presidente Bush.
Hablado
en japonés, lo que le da mayor realismo a la historia,
la película se aleja de cualquier aproximación maniqueísta
de manejar la historia: no hay héroes invencibles, no hay
buenos y malos. Hay seres humanos, con historias propias, que
sufren, sueñan, tienen miedo o están dispuestos
al sacrificio por sus códigos de honor, que tienen sentimientos.
Cada
escena, cada toma, cada secuencia, posee una intensidad, un rigor
narrativo y una dimensión artística. Esta es una
de las grandes películas bélicas de la historia,
por su esencia intimista, por su sentido humano.
Su
gran valor radica precisamente en captar los dramas individuales
de los personajes centrales. A diferencia de la mayoría
de las producciones de guerra, el espectáculo de las grandes
masas de soldados, de la grandilocuencia de la presencia de aviones,
barcos y tanques, no opaca la descripción aguda de los
conflictos personales.
Cabe
destacar que no cae en el esquema de manipulación, que
nunca cede a la sensibilería. Eastwood sabe ser emotivo
pero no chantajista. Es sagaz pero no excesivo.
Por
otro lado, asombra por su gran capacidad para el desarrollo del
relato, por su destreza para recrear las escenas bélicas,
para pasar, con la misma capacidad para atrapar al espectador,
de las tomas abiertas de batallas, a las relaciones entre los
personajes.
La
aportación de este legendario actor, convertido en uno
de los más brillantes cineastas contemporáneos,
es brillante. El ganador dos veces del Oscar como mejor director,
por Los Imperdonables (Unforgiven) y Million Dollar Baby,
no deja de sorprendernos por su visión crítica y
su intensidad.
Mientras
La Conquista del Honor sólo recibió dos nominaciones
menores al Oscar de este año, por sonido y edición
de sonido, Cartas Desde Iwo Jima fue
la que se llevó, con todo merecimiento, los mayores honores,
con cinco nominaciones, incluyendo mejor película; mejor
director (la cuarta nominación en esta categoría
para Eastwood, considerando la de Río Místico
Mystic River- ); guión original, y las correspondientes
a sonido.
Además,
hay que resaltar que la cinta ganó el Globo de Oro a la
mejor película no hablada en inglés. Sin embargo,
por los reglamentos de la Academia de Hollywood, no fue elegible
para el Oscar, ya que en dicha categoría, sólo participa
una película por país, la cual es seleccionada por
las respectivas academias de cine.