Basado
en la popular y atrayente novela del alemán Patrick Suskind,
su compatriota Tom Tykwer nos ofrece una larga adaptación
de la historia del extraño hombre carente de olor y poseedor
de un olfato extraordinario que en su obsesiva búsqueda
por encontrar el perfume maravilloso que capture el aroma femenino,
se convierte en un brutal asesino.
En
una producción multinacional europea, Tykwer, autor de
la elogiada Corre Lola Corre, vuelve a mostrar su dominio
del oficio narrativo y su sentido de la imagen para darle fluidez
a una historia sumamente compleja en su trazo de la condición
humana.
Pero
más allá de sus cualidades visuales y de sus méritos
formales en la recreación escenográfica y el vestuario
de la Francia monárquica del siglo XVIII, nos topamos con
un filme irregular, que se queda corto en capturar la esencia
interna de la novela.
He
aquí un ejemplo de una adaptación limitada y poco
efectiva de la literatura al cine, lo cual no siempre sucede,
aunque se ha convertido en un cliché popular el dicho de
que nunca las películas serán mejores que las novelas,
lo cual sin duda es una afirmación a la ligera y sin fundamentos
firmes.
El
problema principal de esta adaptación de la novela de Suskind
es que no se adentra en el trasfondo de la naturaleza humana,
en la mirada minuciosa de la perversión del ser humano.
Las desdichas de Jean Baptiste Grenouille y su agobiante soledad
no conmueven ya que no es un personaje que logre motivar o prender
al espectador.
Para
aquellos que leyeron la novela, que data de 1985, una diferencia
básica se establece: la falta de identificación
con el relato, que en pantalla transcurre como un conjunto anecdótico
curioso, pero poco convincente.
Para
los que desconocen la fuente literaria original, el desconcierto
es aún mayor y la historia parecería entonces tener
menor coherencia, ya que no es posible entender el sentido profundo
del personaje, un hombre que ha sufrido terriblemente, que es
incapaz de amar y que por ello desprecia a la humanidad.
Y
es que la película fracasa en un aspecto fundamental: las
escenas climáticas y claves de la trama, no sólo
resultan inverosímiles, sino que incluso se aproximan al
ridículo.
Tykwer
afronta numerosos riesgos y en su audaz apuesta para darles resolución,
el resultado es fallido.
Nos
referimos de manera específica a la escena de la ejecución
en la plaza pública ante miles de enardecidas personas
que claman venganza por los asesinatos que se han cometido. No
contaremos los detalles, para los que no la hayan visto, pero
es claro que no funciona, como tampoco lo hace la escena final
cuando el personaje regresa al mísero lugar donde nació.
Asimismo,
en la debilidad de su propuesta, radica que se marque un distanciamiento
con el público: no hay la magia necesaria para que surga
el encanto del toque de seducción cuando por primera vez,
Jean Baptiste Grenouille elabora un perfume único y va
identificando todos los ingredientes, sin saber sus nombres exactos.
Lo
que en la novela es irresistible y perturbador, en la película
luce burdo.
Hay
imágenes crudas pero se carece de intensidad para darle
poder a la historia en su dimensión de fantasía
y misterio.
En
cambio, el hilo argumental se desarrolla con soltura narrativa,
pero parece más el trabajo correcto de un artesano poco
imaginativo, que firmado por el mismo autor de las inventivas
María Mortal (1993) y sobre todo, Corre Lola
Corre (1998), en la cual experimentaba con una propuesta
creativa, que sin embargo, tampoco mostró posteriormente
en la fallida Cielo (Heaven).
Lo
que salva a la cinta es finalmente, la riqueza de la literatura
en la que está basada, a través de la narración
en off del actor John Hurt, en el que las frases de Suskind adquieren
vigor poético.