La Crítica de la Semana Enero de 2007

APOCALYPTO
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Controvertida, audaz, tan polémica como su anterior La Pasión de Cristo, la última obra del actor, escritor y director Mel Gibson, hablada en maya, es ante todo, un gran espectáculo visual cargado de una vital intensidad que en todo momento atrapa al espectador.

La trama se centra en la captura de miembros de una ladea indígena en la Mesoamérica de fines del siglo XX, para ser llevados a la piedra de los sacrificios por el pueblo dominante, la posterior huída de uno de ellos y su impecable persecución a través de la selva para atraparlo.

Es una auténtica crónica de una odisea, que posee la capacidad de mostrar el miedo, la angustia, la desesperación y el terror individual ante el acoso enemigo.

Es un reflejo de la crueldad humana, no un retrato de la civilización maya, que algunos han querido ver humillante. Verla desde esa óptica resulta superficial y miope.

La historia de muchas grandes civilizaciones han estado marcadas por la crueldad y la violencia. Por eso, la perspectiva del filme trasciende para convertirse en un manifiesto de la condición humana.

Más allá de la exactitud histórica de las costumbres y comportamientos del pueblo maya, la película funciona y debe contemplarse como una crónica de la fatalidad y la violencia de la historia de la humanidad. No tiene por qué ser fidedigna a la historia ya que no es un documental didáctico ni científico.

Sus detractores han exagerado y han caído en cierta banalidad al cuestionar su validez histórica, acusando al director de ofrecer retrato de la civilización maya de salvajismo y crueldad. No es el sentido ni el objetivo de la película. Como producto cinematográfico no tiene por qué dar una lección de historia, sino contar una historia en específico, que retrata la hostilidad entre los pueblos mayas, pero sobre todo, una lucha individual de sobrevivencia.

Cuestionar hasta los diálogos en maya, como el del arameo en La Pasión de Cristo, es ya una desproporción.

A Gibson le interesa ahondar en la idea de que las sociedades comienzan su decadencia al no poder superar sus conflictos internos, al generar en el odio y la ambición de poder, el propio germen de su destrucción. La frase que abre la cinta, del historiador Will Durant, es reveladora: “Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde adentro”.

Sin duda, Gibson acierta en ese sentido, y hace gala de dominio de oficio, recrea imágenes memorables y por momentos prodigiosas, como el salto en la cascada. A lo largo de 140 minutos, nos lleva a ser testigos de una epopeya, nos invade con un monumento visual de pleno dramatismo, que nunca decae en interés.

Sin embargo, en su propia euforia, exagera en las tomas de los acercamientos, de close ups y primeros planos. En ese frenesí, al que le hace falta mesura y prudencia, hay una sobre carga de elementos argumentales que no favorecen el desarrollo de la historia: hay una ansia por poner diferentes situaciones y circunstancias, que resultan excesivos, incluyendo la toma final con la llegada de los españoles a las costas del continente, que resulta innecesaria y fuera de tono, porque además se vislumbra como una aceptación intrínseca de que con ellos llega el orden y los adelantos.

En ese sentido, si la cinta visualmente es asombrosa, argumentalmente le hace falta mayor claridad e inteligencia.

Mel Gibson es un cineasta obsesionado con la violencia, y parece disfrutar las imágenes de sufrimiento y tortura, desde Corazón Valiente (Braveheart), ganadora del Oscar en 1995, por la que también ganó la estatuilla como mejor director. Ahora en Apocalypto no se conforma con mostrar al protagonista herido y sangrando, sino que recalca mayor dolor, más heridas, más dosis de violencia.

Si desde el punto de vista artístico y visual, tiene varias y no pocas cualidades, al mismo tiempo evidencia una debilidad argumental y cierto desequilibrio en el relato.

Nominada al Globo de Oro como mejor película en idioma extranjero (es decir, no hablada en ingles), en los Oscares sólo aspira a tres premios menores: maquillaje, de la que es favorita, y los dos correspondientes a sonido. Creo que hay una injusticia enorme en cuanto a no haber nominado la vigorosa fotografía de Dean Semler.

 
     
 

Apocalypto

(Película estadunidense dirigida por Mel Gibson con guión suyo y de Farhad Safinia; Fotografía: Dean Semler; Música: James Horner; Edición: Kevin Stitt y John Wright. Intérpretes: Rudy Youngblood, Dalia Hernández, Raoul Trujillo, Rodolfo Palacios, Jonathan Brewer y Morris Birdyellowhead) (2006)

 
  Eduardo Marín Conde  
 

 




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 Última actualización 29 de Enero de 2007.