Convertido
en un auténtico fenómeno sociológico, la
serie de televisión Los Simpson,
que ha permanecido en el aire a lo largo de 18 años ininterrumpidos,
es un referente cultural que revolucionó el género
de animación en la pantalla chica, con un enfoque claramente
dirigido al público adulto por su fuerte mirada irónica.
Ahora,
casi por cumplir dos décadas de su aparición, los
personajes dan el brinco a la pantalla grande, con resultados
satisfactorios tanto en la taquilla (la cinta lleva recaudados
casi 150 millones de dólares en Estados Unidos en dos semanas)
como artístico.
Dirigida
por el realizador de Monsters Inc. David Silverman, quien
ha participado en la producción de varios episodios de
la serie, se enriquece por el guión de James Brooks, quien
ha sido el productor ejecutivo y el propio guionista de la serie
a lo largo de los años, y cuya trayectoria en cine incluye
la dirección de Mejor... Imposible (As Good as it Gets),
Brooks es también ganador del Oscar como mejor director
por La Fuerza del Cariño (Terms of Endearment),
de 1983.
Los
Simpson. La Película (The Simpsons Movie)
recupera las cualidades inherentes a la serie de TV, y comparte
su refrescante tono satírico que cuestiona los valores
más tradicionales de la sociedad norteamericana, su puritanismo
y su hipocresía moral.
La
cinta es marcadamente anticonvencional, y más bien, juega
con anti convenciones, en las que ironiza sobre la obsesión
por la familia feliz, sobre la industria del cine y de manera
particular, sobre la política belicista e intransigente
de Bush.
Todo
ello da como consecuencia una película sumamente divertida,
con chispa en los diálogos cargados con un punzante dardo
que hoy en día resulta gratificante. Claro que como en
el caso de South Park, otra serie de dibujos animados, trasladada
al cine, y cuyo público objetivo es el adulto, se requiere
la complicidad del espectador para apreciarla bajo una óptica
de humor negro para asumir su esquema paródico.
Ahora
bien, como película, Los Simpson
se asemeja más a un episodio o a una serie de episodios
de la serie, con todo lo positivo pero limitante que ello conlleva.
Por un lado, no decepciona y al contrario, se disfruta. La historia
está concebida con sutileza e inteligencia.
Sin
embargo, hay que reconocer que no destaca de manera particular.
No aporta algo novedoso o fuera de lo común que los capítulos
televisivos. El tránsito de la tele a la gran pantalla
se ha dado como parte de su discurso y del espectáculo
en sí mismo. Es decir, no es la obra contundente y redonda,
ni mucho menos deslumbrante, que uno pudiera esperar para hacerle
justicia a toda la dimensión histórica de la propia
serie, ya enraizada como un ícono de la cultura popular
contemporánea.
Pero
eso sí, tendremos que señalar que evoca algunos
de los episodios más brillantes desde que ésta hizo
su aparición en 1989. Sus cualidades son firmes y su arranque
es realmente de grandes alturas. Luego, el relato tropieza en
ocasiones y la resolución final parece demasiado sencilla.
Pero
el hecho es que el balance general es muy satisfactorio y deja
al espectador más que complacido.