Una
de las películas más esperadas y aclamadas de los
últimos meses es, sin duda, La Reina (The
Queen), un inteligente, sagaz, profundo y revelador testimonio
de la reina Isabel II de Inglaterra.
Centrada
casi en su totalidad en la semana que siguió a la trágica
muerte de la princesa Diana en el accidente automovilístico
en París cuando trataba de eludir a los paparazzis, la
trama retrata la reacción de la monarca y su entorno, hasta
el funeral multitudinario.
Lo
que el filme construye es básicamente un drama intimista.
En este sentido, al evocar una compleja personalidad, permite
vislumbrar a una mujer extraordinaria, sometida a presiones, enfrentada
a la adversidad, siendo víctima de sus propia educación,
obstinada en ser fiel a las tradiciones y encerrada en el dilema
de comportarse de acuerdo con las normas protocolarias o adaptarse
a las condiciones surgidas de la reacción popular.
Con
mano firme, una admirable fluidez para hacer atrayente la descripción
de conflictos interiores en lugares cerrados, la película
es un ejemplo de habilidad narrativa, de oficio cinematográfico.
Afronta
y sale avante de numerosos riesgos, derivados del hecho de contar
historias muy recientes, muy frescas en la memoria colectiva,
y con personajes vivos de palpitante actualidad.
Sostiene su valor como documento histórico, porque intercala,
con sagacidad y buen tino, imágenes reales de Lady Di y
de su entierro, con la recreación de los hechos. De este
modo, maneja, con precisión y talento, las elipsis, para
saltar de una escena a otra contemplando diferentes puntos de
vista y lugares.
Al
evitar la narración lineal, el director Stephen Frears
le imprime un tono de rigor histórico, y acrecienta el
interés del espectador. El realizador de la célebre
Relaciones Peligrosas (Dangerous Liasions), de la más
que interesante pero subestimada Mary Reilly, de la intensa Liam,
y de la poca conocida pero igualmente relevante Negocios Entrañables
(Dirty Pretty Things) reafirma su versatilidad con ésta
que es su obra más redonda, lo que lo consolida como uno
de los cineastas más brillantes de la actualidad.
Porque
La Reina tiene un gran valor como manifiesto político de
las relaciones de poder, como testimonio de la influencia de los
medios de comunicación y su efecto mediático. Al
mismo tiempo, logra una reflexión importante y siempre
atrayente sobre la monarquía y su futuro en el antiguo
imperio británico.
De
manera particular, destaca la visión de la relación
entre el Primer Ministro, el entonces recién elegido Tony
Blair, quien llevaba unos cuantos meses al frente del gobierno,
y la reina, la cual está trazada con astucia y rigor.
La
objetividad es una de las virtudes del filme: no hay maniqueísmos,
ni exaltaciones chantajistas. Hay personajes de carne y hueso,
que reaccionan de manera natural. Isabel II es un personaje completa
y hondamente humano, que insta a la comprensión. Todo es
un cuadro cargado de pletórica verosimilitud, y esa es
una de sus principales cualidades.
Estamos,
pues, ante un documento de gran trascendencia, como visión
política, como manifiesto social, como compulsa histórica,
como reflejo del fenómeno de masas en que se convirtió
la muerte de Diana de Gales, como atestación del carácter
humano, y sobre todo, como una pieza cinematográfica de
alta calidad, porque ante todo, más allá de las
interpretaciones y conjeturas de los sucesos reales, es una obra
que atrapa al espectador, sin violencia, sin excesos, sin tremendismos,
alejada de una mirada sensacionalista.
Desde
luego, la película no sería lo mismo sin la presencia
de la actriz inglesa, de 61 años de edad, Helen Miren,
quien ofrece una interpretación simplemente soberbia, que
le valió no sólo el justo reconocimiento de la Academia
de Hollywood que le entregó el Oscar a la mejor actriz
estelar, sino que literalmente arrasó con todos los premios
de actuación del año, cosechando el Globo de Oro,
el del sindicato de actores, el Bafta de la academia británica
y los de los críticos de Nueva York, Los Angeles, Chicago,
San Francisco y del National Board of Review.
En
total, la cinta recibió seis nominaciones para el Oscar,
incluyendo mejor película y dirección, además
de guión original, vestuario y música.