La Crítica de la Semana Septiembre de 2006

LAS TORRES GEMELAS
críticas
anteriores
Críticas Anteriores
 

Cinco años después de los efectivos y crueles ataques terroristas del 11 de septiembre, Hollywood decide afrontar los hechos, cumpliendo una de las funciones y objetivos del cine: dar testimonio de la propia realidad.

Hace unas semanas se estrenó Vuelo 93 (United 93), el brillante y objetivo filme de Paul Greengrass sobre el vuelo de United Airlines secuestrado por otros fanáticos islamistas que pudieron cumplir su propósito de estrellarlo en Washington, debido a la rebelión de los pasajeros, por lo que, sin control, la nave se estrelló en una zona despoblada de Pennsylvania.
La misma historia de este vuelo de United, que cubría la ruta Newark-San Francisco, dio lugar a una película hecha para la televisión.

Asimismo, se realizó otra serie televisiva sobre el 11 de septiembre, basada en el reporte de la comisión investigadora del Congreso de Estados Unidos, la cual ha originado una categórica protesta por parte de los demócratas, en particular del ex presidente Clinton y de la ex secretaria de Estado, Madelaine Albright, ya que plantea la versión de que el ex mandatario no tomó la decisión de atacar a la organización Al Qaeda ni aprehender a Bin Laden.

La segunda película en la que la industria de Hollywood aborda los ataques de aquel trágico día, es Las Torres Gemelas (World Trade Center), firmada por el emblemático y conocido cineasta Oliver Stone, autor de obras tan relevantes como Pelotón (Platoon), Nacido el 4 de Julio (Born on the Fourth of July), The Doors y JFK, ganador de dos Oscares como mejor director, precisamente por las dos primeras.

Las Torres Gemelas se centra en la historia real de dos policías neoyorquinos que entraron, en misión de rescate, a las torres, justo a los pocos minutos de que se derrumbara la primera de ellas, cuando se encontraban en el vestíbulo enmedio de ambas construcciones.

John McLoughlin y William Jimeno sobrevivieron, atrapados en los escombros a varios metros bajo el suelo, hasta que fueron encontrados y se convirtieron en unas de las 20 personas que fueron rescatadas.

La película posee sólidas virtudes y claros defectos. Es una obra de claroscuros y contrastes bien definidos.

Por un lado, prevalece el agudo oficio narrativo y la visión cinematográfica de Stone, que le permite captar todo el drama, todo el terror devastador de los sucesos, así como la angustia, el pánico, la desesperación, el coraje, la fuerza y la increíble lucha por la sobrevivencia de los dos policías.

No es un documental del 11 de septiembre ni pretende ser una crónica de los acontecimientos de ese día.

Es un drama individual, de dos personas atrapadas en vida en un infierno, y es un relato sobre la relación que establecen entre sí, sólo hablándose, sin poder verse uno al otro, creando un fuerte vínculo de solidaridad que en mucho les ayudó a permanecer con vida.

Este es el aspecto que mejor logra Stone. Particularmente, el principio del filme, en el que se recrean los brutales atatques, que rompen la cotidianidad, la normalidad de la gran urbe, es verdaderamente brillante. La escena del derrumbe de la torre alcanza momentos de gran intensidad y vibrante fuerza visual.

Sin embargo, la cinta va pediendo fuerza y sobre todo, mesura. Antes de la segunda mitad, se desinfla y en aras de la complacencia, del forzado deseo de pintar un cuadro idealístico, va perdiendo capacidad de convicción, para dar paso en cambio, a una innecesartia exaltación patriotera.

Sin mayor justificación, la película se enfoca en el retrato de las esposas de los dos policías, y lo hace desde una perspectiva muy diferente: superficial y banal.

A través de flash backs, se presentan las relaciones matrimoniales de manera armoniosa y sin conflictos mayores. No es que no pueda ser real, sino que delinea una visión chantajista y manipuladora.

Esta tendencia se hace más evidente cuando, en la imaginación de ambos policías atrapados, se aparece la imagen de Cristo, lo cual resulta innecesario. Stone no se conforma, como era de esperarse, con reflejar la fe religiosa de los protagonistas y dejar que fueran ellos quienes hicieran referencia a Dios, y en cambio, decide utilizar un recurso elemental.

Pero lo más grave sin duda, es la falta de sentido de autocrítica. No se muestra ninguna contradicción ni conflicto entre los organismos gubernamentales, ninguna vacilación ni titubeo en la misión de rescate.

El guión plantea que el marine que encuentra a los dos protagonistas llegó al WTC porque recibe una señal de Dios, pero tampoco discute con la policía que ha suspendido la búsqueda de sobrevivientes. En este sentido, el filme contrasta notoriamente con el planteamiento crítico y realista de Vuelo 93.

Y es que Stone quiso ofrecernos una película que no incomodora o molestara a nadie: ni al gobierno, ni a la policía neoyorquina, ni a los familiares de las víctimas, ni al espectador común.
Pero sobre todo, es obvio que quiso quedar bien con los autores de los relatos, precisamente los dos policías sobrevivientes y sus respectivas esposas.
El resultado es una mirada complaciente que evidentemente resta capacidad crítica y verosimilitud.

La escena final de la Las Torres Gemelas rebasa todo límite de prudencia y objetividad, sobre todo en el momento político actual en el que la guerra en Irak se evidencia como una acción descabellada y a todas luces injustificada, cuando el personaje del héroe marine dice: “Ahora hay que ir a cobrar venganza”, en una frase que se erige como una inútil y peligrosa defensa de la invasión a Irak.

Es una lástima que esta imagen, esta apología bélica, nos la proporcione precisamente el cineasta norteamericano más antibélico y crítico de la guerra en Vietnam.

Pero Stone, desde la excesiva Un Domingo Cualquiera (Any Given Sunday) y la banal Alejandro Magno (Alexander), uno de los mayores fracasos en la historia del cine, anda con la brújula perdida, y ahora quiso reivindicarse con los sectores del ala derechista que siempre lo han acusado de liberal radical, con este complaciente producto que es un manifiesto ideológico, que olvida su verdadero objetivo de dar testimonio real y equilibrado de ese fatal día. Qué pena.

 
     
 

World Trade Cente

(Película estadunidense dirigida por Oliver Stone con guión de Andrea Berloff basado en los relatos reales de John y Donna McLoughlin y de William y Allison Jimeno; Fotografía: Seamus McGarvey; Música: Craig Armstrong; Edición: David Brenner y Julie Monroe. Intérpretes: Nicolas Cage, Michael Peña, Maggie Gyllenhall, Maria Bello, Jay Hernández, Michael Shannon y Stephen Dorff) (Paramount Pictures, 2006)

 
     
  Eduardo Marín Conde  
 

 




TU CRITICA AQUI

Queremos saber tu opinión acerca de nuestro sitio.
Envíanos cualquier comentario o sugerencia acerca
de esta nueva imagen.

Te invitamos a participar en nuestro espacio, envíanos tus opiniones
serias sobre las películas que aquí comentamos para que sean
publicadas en éste espacio.

sugerencias@cine-butaca.com.mx
Home| La Crítica de la Semana | Cartelera |   Correo de Amigos |
Cine en Video | Butacas | El Autor | Créditos | Críticas Anteriores
© 1999-2002  Cine-Butaca     Diseño y Actualizaciones: A&M Diseño

 Última actualización 18 de Septiembre de 2006.