Reflejo
nítido de los defectos y vicios de la comedia norteamericana
actual cuando por su descarado interés mercantil, prevalecen
la simplicidad argumental, la complacencia excesiva con el gran
público que desemboca no sólo en el forzado happy
end sino en un discurso moralino que mucho guarda de hipocresía,
Tres es Multitud (You, Me and Dupree)
es un producto irrelevante y que a fin de cuentas, resulta decepcionante.
En
la apuesta total al éxito comercial, sin cuidado del contenido,
la cinta reúne una serie de elementos convencionales que
no cuestionan ni el sistema social ni el orden familiar para que
nadie se sienta incómodo. No hay capacidad de ironía
ni sentido de la parodia.
La
apuesta, en cambio, se reduce a una serie de gags aislados, al
chiste de momento y fugaz, sin armonía argumental, sin
coherencia en la trama. Sólo se busca el efecto inmediato
de la risa rápida y breve, que en ocasiones busca la irreverencia
que se asemeja más a la vulgaridad.
Es
una mirada dirigida hacia un público adolescente o hacia
un espectador inmaduro para hacerlo pasar el raro.
Pero
el resultado, aún dentro de sus propios objetivos y limitaciones,
acaba siendo decepcionante. Los chistes son demasiado aislados,
sólo funcionan dos o tres gags que, sin embargo, carecen
de continuación y se diluyen en el contexto argumental.
En
cambio, abundan los gags mediocres, bobalicones e ineficaces.
Para colmo, la historia desemboca en una paranoia en la que se
destruyen instalaciones y muebles, en busca del chiste aún
más simple y fácil.
Es
en ese momento cuando la película pierde todo proporción
y se va directa al despeñadero, y el espectador, aún
el menos exigente, abandona la sala insatisfecho, porque esperaba
más.
Es notoria la poca creatividad de los hermanos Joe y Anthony Russo,
codirectores de la película, con mayor experiencia en series
cómicas de televisión.
Tanta
convencionalidad termina por no redituar en un alto grado en taquilla:
la cinta recaudó alrededor de 70 millones de dólares
en Estados Unidos, lejos de la cifra de 100 millones que es la
meta de toda producción que precisamente, busca, como propósito
único, ser un taquillazo.
Es
lo mismo que sucedió con la aún más mediocre
Click. Pero de vez en cuando esta apuesta a lo trivial resulta
un gran éxito, como sucedió el año pasado
con Los Caza Novias (The Wedding Crashers).
A
causa de la misma debilidad temática, el reparto, también
resulta desaprovechado. La muy carismática Kate Hudson
queda atrapada en un papel desdibujado y el efectivo Michael Douglas
simplemente no puede lucir por los diálogos banales que
debe pronunciar, pero el que de plano está gris es un Matt
Dillon negado para la comedia. A su vez, Owen Wilson aprovecha
cualquier momento para explayarse en sus acostumbrados tics humorísticos,
que a fin de cuentas acaban siendo limitados.