Con
mayor amplitud, los medios de comunicación tienden a moldear
un espectador pasivo que cada vez más se ahorra el trabajo
de la interpretación. Pocas películas actualmente
tienen la capacidad de incitarnos a una reflexión social
y política a través de una trama inteligente que
incite al espectador a adoptar una postura participativa para
ir descubriendo y tejiendo los hilos de las tramas.
Por
eso, es de festejar una obra como Syriana,
una cinta diferente, con una visión comprometida, que es
un testimonio sobre la corrrupción que se esconde detrás
de la industria petrolera para mantener los poderosos intereses
económicos de las grandes compañías trasnacionales.
El
filme va mas allá y plantea una seria denuncia sobre el
papel de Estados Unidos y su política intervencionista
para mantener sus privilegios dentro de la esfera geopolítica
actual.
Con
una posición valiente y seria, el filme posee un indudable
valor porque pone el dedo en la llaga en el tapete de los poderosos
intereses multinacionales que arropan una doble moral.
Con
un vigoroso manifiesto crítico, la trama desarrolla un
intrincado complot para eliminar obstáculos y allanar el
camino de la fusión de dos grandes empresas para consolidar
el poderío de las corporaciones. Tanto el gobierno estadunidense
como las empresas petroleras y el autoritario gobierno monárquico
saudí, son puestos bajo la lupa de una mirada puntillosa
que desvela, con fuerza de convicción, sus pecados, su
hipocresía, sus brazos corruptores y asesinos, y su podredumbre
moral.
Lo
importante es el trasfondo que permea detrás de un relato
que a veces parece excesivo o que plantea situaciones exageradas.
Y bajo esa perspectiva, lo que sí es significativo es que
revela el manejo de enredos y de arreglos politicos y económicos
que no se detienen ante barreras éticas o límites
morales.
Por
eso, más allá de los detalles argumentales que a
veces pudieran parecer faltos de solidez, lo verdaderamente trascendente
es su capacidad de denuncia, el hecho de poner sobre la mesa de
debate una situación que tiene mucho de real y que nos
conduce a una necesaria reflexión para tomar conciencia
de las perspectivas del mundo en el que vivimos.
Se
trata de una realidad que particularmente nos incumbe a todos,
como consumidores de petróleo y sus derivados, y como en
el caso específico de México, como productores del
llamado oro negro, el cual, como recurso natural no removable
que se va agotando, causará cada vez mayores disputas y
conflictos, que nos llevan a vislumbrar que lo que se plantea
en la cinta no es de ninguna manera, disparatado. Cabe señalar
que el guión está basado en un libro del ex agente
de la CIA, Robert Baer.
Al
valor de este planteamiento, debe cuestionarse el desarrollo de
una trama muy compleja que en ocasiones complica innecesariamente
el relato, ya que maneja una gran diversidad de personajes que
son presentados en una narración fragmentada, por lo que
al espectador le cuesta trabajo recordar esa gran cantidad de
nombres y de ubicar las amplias relaciones que se van entrelazando.
Si
el camino elegido por el director debutante Stephen Gaghan (guionista
de Tráfico), no es fácil, hay que apuntar
en cambio, que tiene la mano firme para darle vigor a un relato
que siempre conserva el interés, porque la complejidad
no equivale a la monotonía.
No
es de ningún modo una realización fácil.
Pero tampoco es elitista ni cae en la pedantería. Eso sí,
exige un público inteligente, que participe en su trama
y que asuma que el cine también tiene el valor y el derecho
de lograr que cobremos conciencia sobre asuntos partticulares,
y sobre todo, que asuma que eso también es una fuente de
goce, de sentir que cuando abandonamos la sala, nos llevamos algo
relevante, que nos ha proporcionado una experiencia enriquecedora.
Syriana
que fue filmada en Marruecos y en los Emiratos Arabes Unidos,
concretamente en Dubai, recibió justamente el reconocimiento
de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de
Hollywood, de la nominación como mejor guión original,
asi como la de actor de reparto, muy merecida para George Clooney,
en lo que sin duda, fue su gran año como artista, ya que
también dirigió e interpretó la muy elogiada
Good Night, and Good Luck.