Precedida
por los elogios de la crítica tras su exitosa presentación
en el Festival de Cannes del año pasado, donde cosechó
los premios correspondientes a mejor guión (para el mexicano
Guillermo Arriaga) y de mejor actor (para Tommy Lee Jones, quien
es también el director de la cinta), Los Tres
Entierros de Melquiades Estrada (The Three Burials of Melquiades
Estrada) es indudablemente un filme valioso y con
una original visión creativa, pero sobrevalorado.
El
relato se centra en la decisión de Pete Perkins, un ranchero
norteamericano en Texas, por llevar el cadaver de su amigo Melquiades
Estrada, asesinado por un policía de la Border Patrol,
de regreso de Estados Unidos, donde estaba de illegal, a su ranchería
en Coahuila, México.
Este
es el punto de arranque de una historia que posee la capacidad
de abordar diversas aristas relevantes, como la situación
existente en la frontera méxico- estadunidense, con los
excesos policiales y el maltrato a los inmigrantes.
Pero
más allá de este planteamiento, la película
toca aspectos profundamente individuales: la obsesión del
personaje central, interpretado por el propio Lee Jones, de cumplirle
el deseo a su amigo muerto, para enterrearlo en su pueblo, para
lo cual no se detiene ante ningún oibstáculo, para
darse cuenta finalmente que Melquiades Estrada le había
pintado una vida ilusoria alejada de la realidad, que se había
creado en su imaginación una fantasía de su vida
y de su origen, pero que no le había mentido a él
sino a sí mismo como evasion de la realidad.
Atrapado
en su obsesión, Pete se lo juega todo hasta las últimas
consecuencias y recurre a la violencia y la crueldad en su afán
de venganza, que es más bien un asunto de dignidad y de
búsqueda de redención y perdón.
Ante
todo, es la historia de una amistad, sincera, honda, de entrega
y de compromiso, que trasciende la muerte. Esta es la médula
argumental, que le da un sentido peculiar a toda la historia.
En
este sentido, destaca la significativa y original propuesta del
guión, cargado de intensidad, firmado por Arriaga, el conocido
escritor de Amores Perros y 21 Gramos, ambas dirigidas
por el también mexicano Alejandro González Iñárritu.
Como
en el caso de estos dos últimos, el guión de Los
Tres Entierros de Melquiades Estrada plantea una
alternancia de tiempos y espacios, recurriendo al constante uso
de flash backs, aunque aquí se da particularmente en la
primera mitad, para después dejar una narración
casi lineal a partir de la travesía a caballo con el cadaver.
Arriaga
explota conceptos que también estaban presentes en las
dos filmes anteriores, como venganza, rancor, odio, perdón,
soledad y amistad, que permean en el espectador.
Sin
embargo, hay ciertas partes que no no están amarradas con
la solidez requerida y que lucen precipitadas, como el encuentro
en el motel de Melquiades con la joven esposa del policia, aburrida
y hastiada.
Asimismo,
el filme tropieza en cuanto a su esquema narrativo, y eso lo diferencia
de la fuerza de las imágenes de los las dos películas
citadas.
El
problema es que Lee Jones adolece de la falta de fluidez y dinamismo
narrativo, que le da un tono inicial algo frío. No es,
desde luego, que debiera inclinarse a una mayor acción,
ya que su planteamiento exigía mesura para retratar una
tranquilidad, que era más monotonía fantasmal, del
pueblo fronterizo.
El
reproche al filme es que Lee Jones, limitado como director, es
incapaz de lograr transmitir esa sensación de que aquí
no pasa nada y de hastío que envuelve a sus habitantes,
envolviendo al espectador, a quien por el contrario, lo mantiene
distante.
La
segunda mitad del relato cambia y entonces sí, a medida
que Pete decide cobrarse justicia a su manera, la cinta adquiere
el tono adecuado de mayor convicción, manteniendo su misma
línea discursiva, y ese es el tono que hizo falta en la
primera parte.
El
balance general es positivo y satisfactorio. Estamos frente a
una cinta trascendente, que nos deja algo que nos permite reflexionar,
lo que ocurre de vez en cuando, por lo que siempre es de celebrar
cuando nos topamos con una realización que sí posee
ese mérito.
El
premio al guión en Cannes es meritorio, aunque hay que
considerar que normalmente es un premio que se da a las películas
que quedaron fuera de las tres categorías principales (Palma
de Oro, premio del jurado y mejor director), lo que no evita que
se trate de una distinción importante. En cambio, es menos
justificable el premio a Lee Jones como mejor actor, ya que su
trabajo es bueno pero no sobresaliente, pero es común que
en los festivales los reconocimientos a los intérpretes
sean muy cuestionables.