Una
película que destaca, en medio de la medianía actual
que prevalece en la cartelera cinematográfica nacional,
es la coproducción británico estadunidense Regresiones
(The Jacket), por un peculiar sentido de inventiva
y una audaz propuesta narrativa, con un tono anticonvencional
que se debe agradecer.
La
historia, como su título en español lo indica (en
esta ocasión, extrañamente, aquí resultó
más afortunado que el original en inglés), se refiere
a las regresiones, a los regresos al pasado, en continuos brincos
en dos determinados momentos del pasado y del futuro.
A
una trama compleja, que sin embargo, posee la virtud de mantener
su tono siempre interesante, a diferencia, por ejemplo, de Crímenes
de la Mente (The I Inside), que guarda evidentes similitudes
pero que deriva en un final ramplón, se aúna un
planteamiento claro, que ni resulta demasiado rebuscado ni cae
en excesos.
Hay
pues, un adecuado equilibrio entre la originalidad de una trama
caracterizada por continuas elipsis y alternancias de tiempos
diferentes y que a veces parece enredarse, particularmente al
principio, con su habilidad para darle nitidez y coherencia.
Además,
hay una palpable pericia narrativa por parte del cineasta John
Maybury, que afronta riesgos y que a fin de cuentas logra atrapar
al espectador, a quien, eso sí, el relato le exige su participación
activa.
Más
allá de la descripción de la trama, cabe resaltar
la capacidad de la película para inquietarnos, para inducirnos
a una reflexión sobre la volatilidad y la fragilidad del
destino humano. Y ello se deriva de su capacidad de convicción,
y de su solidez para enganchar a la audiencia con una historia
que acaba siendo perdurable.
Como
elemento enriquecedor adicional, vale la pena resaltar la solidez
interpretativa de un reparto encabezado por el ganador del oscar
por El Pianista, Adrien Brody, y la bella y talentosa
Keira Knightley, ambos ingleses, bien acompañados por el
cantante Kris Kristofferson, en su regreso al cine, y de la desaprovechada
pero siempre eficaz Jennifer Jason Leigh.
Las
anteriores cualidades sacan a flote a un filme que, de igual modo,
no está exento de fallas y de torpezas, como un manejo
excesivo e innecesario de ciertas tomas, sobre todo en el abuso
del close up y de bruscos cambios de tono, que resultan desconcertantes,
sobre todo en el arranque de la cinta.
Quizás
hayan sido estas razones, las que contribuyeran, junto con una
evidente mala promoción de la película en su distribución,
a su estrepitoso fracaso comercial en su corrida comercial en
Estados Unidos. Vamos: la cinta acabó siendo, el año
pasado, la de menor recaudación entre todas las producciones
estrenadas a gran escala, llegando apenas a la ridícula
suma de 6 millones de dólares de ingresos.
Desde
luego, este fracaso no corresponde con la calidad de una película
que a pesar de su complejidad, no es elitista ni resulta, para
nada, monótona.
La
explicación, debemos insistir, radica en su mediocre y
errónea promoción, a su poco atractivo título
original, y a la injustas casualidades en el impredecible ámbito
de lo comercial.