La Crítica de la Semana Enero de 2006

MUNICH
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Por fin, el estreno en México y otros países de una de las producciones más importantes y trascendentes de los últimos años: Munich, la controvertida, arriesgada y audaz, pero igualmente brillante e impactante obra del ya legendario Steven Spielberg, quien realiza su mejor película desde La Lista de Schindler, de 1993.

A sus 59 años de edad, y con más de tres décadas de trayectoria fílmica, este célebre cineasta, originario de Cincinnati, nos ofrece una película impecable, redonda, admirablemente inteligente: un filme de indudable valor por sus implicaciones de índole política y su capacidad para inducirnos a una imprescindible reflexión moral y ética, pero sobre todo, una cinta valiente que se adentra a fondo en el laberinto del problema del terrorismo.

El relato se basa en hechos reales ocurridos durante los Juegos Olímpicos de Munich en 1972, cuando un comando palestino de la organización Septiembre Negro, asalta la villa olímpica y toma como rehenes a nueve atletas israelíes, después de matar a un entrenador y a otro atleta. Tras un fallido intento de rescate en el aeropuerto, cuando los terroristas y los rehenes abordaban un avión para salir de Alemania, luego que la primera ministra de Israel, Golda Meir, se negó a negociar, todos los nueve atletas y la mayoría de los asaltantes palestinos, murieron.

La cinta tiene como punto de arranque estos sucesos y se enfoca en lo que aconteció después, cuando el gobierno israelí emprende un plan de venganza para asesinar a los principales dirigentes palestinos que planearon el asalto. Se forma entonces un grupo de cinco agentes israelíes que en una misión secreta, organizan la búsqueda y el asesinato de los responsables, cuyos nombres les han sido proporcionados por el servicio secreto de Israel.

La historia está basada en el controvertido libro de George Jonas, titulado Venganza, publicado en 1984 y que recoje el testimonio del agente secreto israelí que lidereó la misión, conocido con el seudónimo de Avner.

Spielberg y el guionista Kushner pasaron largas jornadas con esta persona. Aunque los hechos siempre han sido negados oficialmente, y su veracidad puede ser puesta en duda, lo verdaderamente importante es la esencia del relato. Más allá de los pormenores y los detalles de la realidad, lo significativo y lo trascendente radica en el trasfondo y en este sentido, el filme incide en una honda reflexión sobre el terrorismo que aviva un necesario debate de particular vigencia hoy en día, sobre los medios que se están empleando en la guerra de Bush en Irak y que toca huella a profundidad en asuntos como las libertades y derechos individuales a los que tiene que renunciar un Estado de Derecho para hacer frente a la amenaza terrorista. Y desde luego, también induce al análisis sobre la situación en Medio Oriente y sobre las interminables venganzas y contravenganzas de ambas partes, en un círculo que luce interminable.

La premisa del filme es que la violencia genera más violencia. Todo el desarrollo argumental está construido sobre un cuestionamiento ético y moral que los propios personajes se hacen a sí mismos y que concluye con una precisa y oportuna escena en la que se expresa que el conflicto no concluirá, porque es como cuando te cortas las uñas y te vuelven a crecer. Y el contexto se ubica hace más de 30 años.

Lo que nos llevamos clavada en nuestra menta es la imagen de las Torres Gemelas de Nueva York al fondo, en una toma llena de peculiar significado sobre el estado en que estamos parados en el concierto mundial actual.

Estamos frente a una película sobre la paz, que tiene el enorme mérito de evitar simplicidades, de no caer en estereotipos, de alejarse de satanizaciones. Lejos del panfleto politico, guarda un asombroso equilibrio para mostrar las posiciones de las dos partes en conflicto, con mesura, con sensatez, con prudencia, porque ubica a los terroristas y a los agentes israelíes que también tienen el objetivo de matar, como personas de carne y hueso, como seres con familia, con sentimientos y con una historia detrás.

En palabras de Spielberg, consciente completamente de la complejidad del campo politico del Medio Oriente, tratar de comprender un asesinato, no significa aceptarlo. Entender no es sinónimo de perdonar. Comprender no tiene nada que ver con una supuesta debilidad.

Pero Munich va todavía más lejos: se erige como una auténtica metáfora sobre la venganza, la culpa, sobre cómo la venganza es una espiral que funciona en círculos y de cómo el matar acaba matando el alma.

El filme es igualmente un drama individual, de un personaje que se cuestiona su actitud hacia la vida, su lealtad a su patria, su compromiso con los seres que ama, que es víctima de un estado de dolor y de angustia total, que, movido por buenas intenciones desde su perspectiva, y por su sentido de lealtad, termina ahogado, presa de la obsesión y la paranoia.

Steven Spielberg ha decidido afrontar el gran riesgo de cuestionar la política de Israel hacia los palestinos. El, un activista judío que ha dedicado un gran esfuerzo y grandes cantidades de dinero a la causa del pueblo judío, que creó una fundación y fundó un museo, tuvo el coraje y el valor suficientes para afrontar las consecuencias de los ataques de la poderosa comunidad judio norteamericana.

El autor de La Lista de Schindler, ha recibido injustamente las ofensas del ala derechista del espectro politico norteamericano y de los extremistas judíos, aquellos que ayudaron a convertir, a con sus furibundos ataques, a La Pasión de Cristo en un fenómeno de taquilla, que lo han acusado de ser un pacifista ciego y un traidor a la causa de Israel.

Pero lo que ha hecho Spielberg posee un enorme valor: pone sobre la mesa posiciones profundamente arraigadas, y apela al diálogo para acallar las armas y disminuir las muertes. Como él mismo afirmó, si la película trastorna tanto a los detractores radicales, deberían reflexionar sobre qué es lo que les afecta de esa manera.

No podemos concluir nuestro comentario sin elogiar la solidez del guión que construye el relato a través de continuos flash backs sobre los sucesos en Munich que se entrelazan con la descripción de las acciones del grupo israelíe que lleva a cabo el plan de venganza bautizado como La Ira de Dios, y de la calidad narrativa de Spielberg, para apuntalar con sus tomas y planos, el dramatismo y la profundidad de la historia, y de tener al espectador amarrado a su butaca con el aliento entrecortado.

Afortunadamente, Munich ha recibido los elogios casi unánimes de la crítica seria estadunidense, y Spielberg ha sido reconocido por la Academia de Hollywood, con su sexta nominación al Oscar como mejor director (que ha ganado dos veces, por La Lista de Schindler y Rescatando al Soldado Ryan), así como del sindicato de directores y de la Asociación de la Prensa Extranjera en Hollywood, que entrega los Globos de Oro, que también lo nominaron en esta misma categoría.

 
     
 

Munich

(Película estadunidense dirigida por Steven Spielberg con guión de Tony Kushner basado en el libro Venganza de George Jonas; Fotografía: Janusz Kaminski; Música: John Williams; Edición: Michael Kahn. Intérpretes: Eric Bana, Daniel Craig, Ciaran Hinds, Mathieu Kassovitz, Geoffrey Rush, Hanns Zischler, Ayelet Zorer y Gila Almagor) (Dreamworks y Universal Pictures, 2005)

 
     
  Eduardo Marín Conde  
 

 




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 Última actualización 30 de Enero de 2006.