La Crítica de la Semana Enero de 2006

LA MARCHA DE LOS PINGÜINOS
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Precedida de un éxito extraordinario, el documental francés La Marcha de los Pingüinos constituye, ante todo, una reveladora experiencia visual.

La cinta refleja el auge que vive el género documental desde hace tres años, a partir de que el audaz Michael Moore sorprendiera con su aguda visión crítica contra la proliferación de armas en Estados Unidos, Masacre en Columbine (Bowling for Columbine), que le mereció el Oscar al mejor documental. Su memorable discurso al recibir la estatuilla, el 23 de marzo de 2003, pocos días después de la invasion norteamericana a Irak y su arenga contra Bush, dio la vuelta al mundo e impulsó a su valiente película y con ello, contribuyó a abrir comercialmente las puertas al género.

Su siguiente paso fue Fahrenhet 9/11, un agresivo pero menos rigorista y más sensacionalista crítica anti Bush que expone los intereses económicos y los lazos de negocios de la familia Bush con los jerarcas saudíes y cómo se sembró la semilla de los ataques terroristas del 11 de septiembre. Fahrenheit 9/11 se convirtió en el documental más taquillero de la historia, con recaudaciones de alrededor de 120 millones de dólares en EUA.

Tras la llegada de cintas documentales de calidad a los circuitos comerciales del cine, como la francesa Alas de Sobrevivencia (Winged Migration), Tocando la Cima (Touching the Void), la brillante Retratando a los Friedmans (Capturing the Friedmans) o la memorable Nacidos en el Burdel (Born Into Brothels), sin dejar de resaltar Niebla de Guerra (The Fog of War), disponible en DVD, el género demostró su potencial. Otro caso de popularidad fue la engañosa Super Enngórdame (Super Size Me).

Sin embargo, La Marcha de los Pinguinos se erige como la gran revelación, transformada en todo un fenómeno comercial, con ingresos de 80 millones de dólares sólo en el mercado norteamericano, que la ubican como el segundo documental más taquillero de la historia, y una de las películas más redituables, ya que su costo de producción osciló en un millón de dólares.

La Marcha de los Pingüinos narra los continuos, largos y fatigosos viajes del pinguino emperador a través del hielo y la brutal inclemencia del tiempo en la Antártida en pleno invierno, para tener sus crías, en un trabajo perfectamente coordinado entre el macho y la hembra, que se turnan para cuidar primero al huevo y luego al polluelo, mientras el otro va al mar a alimentarse.

Ante todo, resultan verdaderamente admirables las tomas de la inhóspita Antártida: la belleza de los paisajes, la minuciosidad para enforcar en planos cerradas a estas formidables aves. Se trata de un gran espectáculo visual que conmueve porque es el retrato puro del milagro de la vida, de la maravilla del orden de la naturaleza, de la elegía a la vida misma.

Sin embargo, también tiene su parte débil. Al igual que sucedía con otro documental naturalista francés, Microcosmos, el filme presenta una evidente e injustificada falla: carece de información científica. Prefiere dejar todo a las imágenes, y la narración adolece de una necesaria explicación del comportamiento, de las reacciones de los pinguinos, de sus ciclos de vida y de reproducción.

El tono deja entrever la típica pretenciosidad del cine francés, al dar por hecho que el público conoce los pormenores de la ciencia animal o, lo que es más grave, que no tiene por qué conocerlos, lo que más bien refleja una superficialidad.

Se trata, pues, de una cinta de inneghable valor y de un peso de trascendencia, pero limitada por sus propia forma expresiva de soslayar la imagen, lo cual representa un error.

En el caso de la version doblada al español, el daño es mayor ya que las voces del hombre, mujer y niño se enfocan a un lado simplista y bobalicón, sin la seriedad que el caso requería. Cómo extraña uno los programas de Discovery Channel.

 
     
 

La Marche de l'empereur

(Película documental francesa dirigida por Luc Jacquet con guión suyo y de Michel Fessier; Fotografía: Laurent Chalet y Jeróme Maison; Música: Emile Simon; Edición: Sabine Emilliani) (2005)

 
     
  Eduardo Marín Conde  
 

 




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 Última actualización 23 de Enero de 2006.