En
su última película, Volver, el cineasta español
Pedro Almodóvar simplemente reafirma su genialidad.
En
una admirable línea de consistencia de alta calidad, tras
las brillantísimas Todo Sobre mi Madre (1999), Hable con
Ella (2001) y La Mala Educación (2004), el célebre
realizador que acaba de cumplir 57 años, no sólo
se consolida como el más aclamado y sobresaliente director
español de la historia, después de Luis Buñuel,
sino como uno de los mejores cineastas del cine contemporáneo
mundial.
Almodóvar
sigue gozando, para beneficio de los verdaderos cinéfilos,
su plena madurez creativa y su inspiración, como escritor
y director, sigue reluciente.
En
Volver demuestra, una vez más, ser el gran analista del
comportamiento del ser humano, el agudo observador de la complejidad
y la contradicción del alma humana.
Como
en sus anteriores cintas, principalmente Todo Sobre mi Madre y
Hable con Ella, despliega lucidez y profundidad para retratrar
las relaciones individuales, sobre todo en el ámbito familiar,
y lo hace con sutileza, con elegancia y con una particular capacidad
de convicción, porque transmiten sinceridad y verosimilitud.
El
relato se centra en tres generaciones de mujeres: una mujer atormentada
por la pasada relación con su padre, su madre que ha muerto
y su hija. Los tres personajes interactúan de manera gradual
y precisa, y en este complejo tapiz, se ven acompañados
por un cuarto personaje femenino. No podemos olvidar que el cineasta
manchego siempre se ha enfocado con mucha más intensidad
y claridad a las mujeres.
Cada
diálogo, cada escena, cada imagen, está plenamente
justificado y encuetra una razón de ser. No hay puntos
muertos, ni situaciones sobrantes o desperdiciadas, si acaso,
alguna toma fugaz.
En
este concierto de coherencia argumental, Almodóvar, como
Buñuel, sigue dándose el gusto y cautivando al espectador
más avispado, recurriendo a planos inventivos y cargados
de chispa y sentido visual que rompen cualquier aproximación
a lo convencional o lo formal.
La
trama se desenvuelve con una ironía punzante que en todo
momento sabe alejarse de la sordidez. Almodóvar no cae
en la vulgaridad y no necesita manejar elementos grotescos o meándricos,
tan comunes en algunos realizadores latinoamericanos, para crear
un drama intenso que conmueve porque devela el dolor, la angustia,
la desesperación y la soledad individuales. Lo que nos
ofrece es un espejo de sentimientos humanos.
Los
excesos, en los que cayó en su primera etapa como cineasta
con obras siempre originales y con chispa pero inmaduras, los
reemplaza ahora, con inteligencia y habilidad, con el uso de la
ironía como metáfora social. La pretenciosidad deja
paso al humor. La visión paródica se prefiere a
la pedantería.
Uno
de los aspectos más meritorios es que, enmedio del drama
que refleja las perversiones más oscuras del ser humano,
desarrolla una obra que se ve con agrado, sin congoja, porque
sabe hallar el optimismo y mostrar también la nobleza.
En
este sentido, Volver es un manifiesto sobre el perdón y
el olvido. No es poca cosa la lección que nos da Almodóvar.
Logra una plena identificación con la audiencia, a la que
atrapa con un relato que va de sorpresa en sorpresa.
Es
emotivo y no rehúye la ternura, pero jamás cae en
la complacencia ni mucho menos en la cursilería. Ese es
su nivel de genialidad que lo llevó, con toda justicia,
a ser galardonado hace unos días con el Premio Príncipe
de Asturias de las Artes en reconocimiento a su trayectoria que
se prolonga por más de un cuarto de siglo.
Por
ello, no es de extrañar la gran acogida crítica
que Volver ha recibido en el orbe, desde que cosechó los
mayores elogios en el último Festival de Cannes, aunque
el jurado sólo la compensó con un premio menor,
el de mejor guión, cuando muchos le apostaban a la Gran
Palma de Oro, que finalmente recayó en la inglesa The Wind
that Shakes the Barley, de Ken Loach, cuya traducción literal
sería El Viento que Sacude la Cebada.
La
película fue elegida para representar a España en
la categoría de mejor película extranjera en los
Oscares, y vaya que tsu nominación es muy probable. Tanto
la crítica norteamericana como la Academia de Hollywood
son particularmente partidarios del talento de este cineasta irrepetible:
Todo Sobre mi Madre ganó la estatuilla en el citado rubro,
y mientras Hable con Ella no compitió en dicha categoría
porque la inscripción oficial española fue para
Los Lunes al Sol, Almodóvar ganó el Oscar correspondiente
al guión original y fue nominado como mejor director.
No
podemos concluir este comentario sin mencionar el muy relevante
reparto de Volver, encabezado por una sorprendente Penélope
Cruz, en el mejor trabajo histriónico de su carrera, tras
varios años de tropiezos de todo tipo en Hollywood, donde
tuvo pocas cintas interesantes, como Inhala (Blow), y un éxito
comercial (Vanilla Sky). Como dato curioso, ella no canta la versión
del tango Volver, contra lo que pareciera por el buen doblaje.
A
su lado, Carmen Maura, quien reaparece en una película
de Almodóvar, con su sobrada eficacia de costumbre; Lola
Dueñas (la misma que cuida de Javier Bardem en Mar Adentro),
y la joven Yohana Cobo. Este reparto obtuvo en Cannes, un peculiar
pero merecido premio colectivo de interpretación femenina.