Con
su tercer largometraje, Babel, el cineasta
mexicano radicado en Hollywood, Alejandro González Iñárritu,
alcanza grandes alturas, logra su obra cúspide y se reafirma
como uno de los realizadores contemporáneos más
inteligentes, audaces e inventivos en el panorama mundial.
Un
intenso, crudo y apasionante drama que tiene lugar en tres lugares
diferentes (Marruecos, México y Japón), donde se
entrecruzan cuatro historias.
Como
en sus anteriores cintas, la mexicana Amores Perros y
21 Gramos, el filme recurre a la narración fragmentada,
los saltos cronológicos, el uso continuo del flash back
y las elipsis, y el recurso de la repetición de una misma
escena desde diferentes perspectivas.
Se
cierra así la trilogía de El Negro González
Iñárritu, quien a sus 43 años de edad, es
ya el cineasta mexicano con mayor proyección internacional
en las últimas décadas. Se cierra así también
su fructífera relación con el guionista, también
mexicano, Guillermo Arriaga, desde que causaron sensación
con la pujante y brillante Amores Perros.
Caracterizadas
por entremezclar historias y personajes que acaban encontrando
un punto común, y que rompen con la estructura lineal convencional,
las tres películas están unidas además por
ofrecer un retrato de la conducta del ser humano y sus crisis
existenciales.
Son
el testimonio de la desesperación y la angustia, un kaleidoscopio
de la soledad individual. Profundamente intimistas, tienen la
gran virtud de envolver al espectador, de adentrarlo en su complejidad
temática, que sin embargo, resulta comprensible. Es una
propuesta de hacer partícipe al espectador, de hacerle
tomar un papel activo para ir deshilvanando las viscisitudes de
relatos inquietantes, sugestivos, con una fuerza arrolladora.
Con
las firmes cualidades narrrativas y temáticas, que crean
un equilibrio admirable, son películas definidas por la
creatividad visual y argumental.
En
este panorama, de manera particular, considero a Babel
como la más sólida, la más redonda. Es el
punto climático de la trilogía, porque posee mayor
capacidad de penetración para internarse en el laberinto
del alma humana, en la hondura de la actitud personal, de abrir
una vasta gama de sentimientos y emociones.
Babel
es el manifiesto de la dificultad de la comunicación humana.
La diferencia de lenguajes y la manera como los personajes tratan
de entenderse en distintos idiomas (se habla inglés, árabe,
español, japonés y el lenguaje de los signos de
los sordomudos), viene siendo sólo una metáfora
que se evoca en el título de la película, porque
la verdadera incomprensión no proviene de los diferencia
de idiomas, sino de la desconfianza, de la intolerancia, del autoritarismo,
y de la irracionalidad y la imprudencia.
Asimismo,
la cinta es el reflejo de la trilogía completa: un espejo
de la violencia humana, la violencia del mundo actual.
Pero
una de sus grandes virtudes es que penetra en la mente del espectador
a través del rigor y la garra de una trama que no da cabida
al respiro ni el sosiego, sin tener que utilizar la violencia
explícita, y en cambio, sí nos regala no pocas escenas
de gran belleza y sutileza. Su fuerza tiene como raíz la
mera capacidad cinematográfica.
El
reparto funciona con precisión, encabezado por dos estrellas
de Hollywood, Brad Pitt, demostrando que puede ser buen actor
cuando el guión lo exige, y la australiana Cate Blanchett,
siempre sobresaliente.
Al
lado de una gran cantidad de actores amateurs, vale la pena destacar
a los mexicanos Gael García Bernal, cada vez más
maduro histriónicamente, y sobre todo, a la poco conocida
Adriana Barraza, a quien ya habíamos visto en Amores
Perros, y de manera muy especial, a la japonesa Rinko Kikuchi,
en su sobrecogedora interpretación de una traumatizada
adolescente sordomuda.
La
película obtuvo el premio al mejor director en el Festival
de Cannes, que en realidad, de la manera como funciona este evento,
el de mayor importancia mundial, equivale al tercer lugar, detrás
de la inglesa The Wind that Shakes the Barley, ganadora
de la Gran Palma de Oro, y de la francesa Flandres. que obtuvo
el Premio Especial del Jurado.
Pero
lo más relevante ha sido la buena acogida de la critica
internacional, aunque en el caso particular de Estados Unidos,
ha habido opiniones divididas, ya que algunos, erróneamente,
la acusan de ceder al exotismo o de de que la historia en Japón
resulta chocante, lo cual refiere lamentablemente, a la estrechez
de criterio producto de la ola conservadora que cada cada vez
parece extenderse a todos los ámbitos en ese país.
Por
ello, no parece muy factible una nominación al Oscar como
película o director, aunque sí podría darse
para la categoría de mejor guión original, ya que
los guionistas conforman el sector más inteligente de la
Academia de Hollywood.