Película
de enorme valor y de una pasmosa calidad, Brokeback
Mountain, titulada en México como Secreto
en la Montaña, es de esas excepcionales obras
que permean nuestros sentimientos más profundos, se adentran
en nuestras mentes para permanecer largo tiempo y nos orillan
a una honda reflexión sobre nuestra propia realidad.
Basada
en el relato homónimo de Annie Prouix, publicado en 1997
en la prestigiada The New Yorker, Brokeback Mountain
constituye toda una enriquecedora experiencia que roza el nivel
de maestría.
Una
historia sencilla pero profunda en sus derivaciones y planteamientos
que revela lo más recóndito del alma humana, poseedora
de una singular intensidad para adentrarse en el interior de dos
seres.
Con
el respaldo de un guión extremadamente sólido e
inteligente, el filme transpira de principio a fin, autenticidad,
en cada escena, en cada toma, en cada imagen. Por eso, nos envuelve
y atrapa, para describir situaciones absolutamente creíbles,
que nos pueden ser tan cercanas, que el espectador puede haber
imaginado pero que es incapaz de transmitir a los demás.
Se
trata de una historia de amor, entre dos hombres, dos vaqueros
que deben guardar el secreto porque deben adaptarse a su propia
realidad social y a los convencionalismos morales imperantes,
que sostienen una relación a lo largo de dos décadas,
en la clandestinidad, viviendo una vida de casados y con hijos,
que no corresponde a sus deseos e ilusiones.
Pero
esa historia de amor es de una vitalidad asombrosa, de una profundidad
que nos estremece, ya que los personajes están delineados
a través de una mirada que entiende los sentimientos y
las pasiones humanas.
Aunque
la acción se ubica en los años 60, su planteamiento
sigue siendo válido hoy en día, porque prevalecen
los prejuicios sociales, la intolerancia y la intransigencia moral,
sobre todo en el entorno rural de estados como Wyoming, donde
sucede la película. Por eso, el relato es también
un manifiesto del acoso de una sociedad hostil y de los prejuicios
morales.
Lo
admirable es cómo la cinta afronta riesgos y sale avante
en todo momento, como maneja el primer encuentro amoroso y sexual
entre los dos personajes, con sutileza, buen tacto y sentido estético.
Lo que nos refleja es la soledad, la necesidad afectiva individual
en medio de la montaña, y se nos establece un vínculo
de entendimiento, de comprensión con aquellos dos hombres
dignos de toda compasión porque su situación se
complica al intervenir el factor amor, aunque también uno
siente la felicidad de la que gozan cuando quedan pueden encontrarse
a solas.
El
realizador taiwanés Ang Lee, autor de Sensatez y Sentimientos
(Sense & Sensibility) y de El Tigre y el Dragón
(Crouching Tiger, Hidden Dragon), por las que estuvo nominando
al Oscar como mejor director, nos ofrece una obra cargada de sensibilidad,
de belleza y de humanismo. Lo que logra es un espejo de la condición
humana.
Las
película se agiganta con el virtuoso paisaje, captado por
la cámara del mexicano Rodrigo Prieto, autor de la fotografía
de Amores Perros, Frida, 21 Gramos y Alejandro Magno,
y que le valió una justa nominación al Oscar, y
por las actuaciones del australiano Heath Ledger y Jake Gyllenhaal,
quienes les dan vida a los personajes de Ennis del Mar y Jack
Twist, que forman parte ya de los anales de la historia fílmica.
Brokeback
Mountain posee una importancia fundamental, y marca
un ícono en la cultura cinematográfica. No sólo
rompe el estereotipo del western y evoluciona este género
que nació con el cine mismo, sino que en tan poco tiempo,
su contribución al tema de la homosexualidad es de una
gran trascendencia, y ya es objeto de estudio en universidades
y círculos académicos.
En
esta historia le anteceden filmes claves que han mostrado ese
ámbito sin folclor ni con estereotipos ridículos,
como Muerte en Venecia; Bilitis; Las Aventuras de Priscilla,
Reina del Desierto; Juego de Lágrimas; El Beso de la Mujer
Araña; El Banquete de Bodas, del propio Ang Lee; La
Ley del Deseo, Todo Sobre mi Madre y La Mala Educación
de Pedro Almodóvar, y en Hollywood, Filadelfia y Los
Muchachos no Lloran (Boys Dont Cry).
Pero
Brokeback Mountain representa un paso más allá,
marca una evolución por la manera como asume a fondo el
tema y lo ubica en un contexto peculiar, por la manera de presentar
personajes gays de carne y hueso enmarcados en una historia de
amor y por manifestar toda la complejidad psicológica del
ser humano.