Remake
de la popular película de 1972, que ganó un Oscar
especial por efectos, y cuyo reparto lo encabezaba Gene Hackman,
La Aventura del Poseidón (The Poseidon Adventure),
sobre el desastre de un enorme crucero azotado por una gigantesca
ola, basado en la novela homónima, Poseidón llega
a las pantallas, en una superproducción de 175 millones
de dólares, lo que la ubica entre las cinco más
costosas de la historia, ahora bajo la firma del cineasta alemán
radicado en Hollywood, Wolfang Petersen.
Dentro
de la línea del subgénero de desastres, Poseidón
es ante todo, un espectáculo de grandes masas, dotado de
una sofisticada y amplia gama de efectos especiales, a cargo principalmente
de la compañía líder en este campo, la Industrial
Light and Magic, de George Lucas.
En
este sentido, posee escenas de gran atractivo visual, sobre todo
cuando se recrea (a partir de modelos a escala en estudio y por
medio de efectos digitales computarizados), el choque de la ola.
Si
a ello le aunamos la pericia narrativa de Petersen, un director
acostumbrado al manejo de grandes presupuestos, cientos de extras
y a complementar el relato con lo más avanzado en el campo
de la tecnología visual, resulta comprensible que la película
sea una garantía de entretenimiento, entendido éste
simple y llanamente como el matar el rato, como un mero vehículo
para pasar dos horas de manera amena.
Pero
nada más, hasta ahí. Y aquí entramos al terreno
de la crítica, al revisar todo lo que la cinta tiene de
cuestionable. Aún en sus propias limitaciones argumentales,
y sin esperar mucho a cambio, en términos de su contenido,
nos desilusiona.
¿A
qué se debo esto? Pues básicamente a que el espectador
espera más, mayor emotividad, mayor espectáculo,
pero sobre todo, una historia más creíble, mejor
armada, más coherente.
Lo
que nos presenta no es un desastre colectivo ni una muestra de
histeria de masas, que podría haber sido más atrayente.
No se explayan los sentimientos de miedo, desesperación,
angustia ante la desgracia. Se pierde así la oportunidad
de hacer una referencia con el público de los desastres
naturales que han sucedido en los últimos años,
como el devastador tsunami en Asia, como lo han pretendido hacer
creer, como mera fórmula mercadotécnica, el director
y el elenco.
Es
más, la muerte de miles de personas pasa a ser un asunto
menor en la historia, marginal y de poca monta, a fin de que el
relato se reduzca a seguir al minúsculo grupo que busca
escapar.
Así, con todos los clichés y convencionalismos del
subgénero, la trama se centra en la ruta de escape de un
grupo de ocho personas transformadas en héroes, que siempre
se salvan de último momento, que no sufren heridas serias,
que salen avantes de las situaciones más fatídicas.
Para
buscar no caer en la exageración total, se conceden dos
muertes, pero se dejan intactas las parejas amorosas: madre-hijo,
los recién comprometidos y la posible pareja futura. Y
claro, al agresivo personaje, presentado como un ruin, se le borra
de la narración de un plumazo, para que no estorbe el happy
end.
Asimismo,
se da un banal y simplista tratamiento de los personajes, en los
que, en medio del desastre y el caos total, donde la muerte trágica
parece inminente, se entabla una serie de diálogos que
rayan el absurdo, en los que se alega si la hija está sentida
con el padre, si a éste no le cae su novio, etc, etc, que
sólo contribuyen a romper el esquema de suspenso que debería
prevalecer.
De
manera particular, es también una decepción que
el director sea Petersen, cuyo talento daba para más, para
no hacer sólo una producción mercantil pero hueca.
Hay
que recordar el inicio de la carrera con la brillante El Submarino
(Das Boot) por la que llegó a Hollywood, donde a pesar
de enfocarse en costosas producciones de grandes estudios, ha
dejado su huella, como en los casos de Una Tormenta Perfecta
(A Perfect Storm) y la subvalorada Troya.
Ahora
realiza su obra de menor calidad desde la manipuladora Avión
Presidencial (Air Force One).
Tales
errores y dislates, han tenido su repercusión en taquilla,
cuando, paradójicamente, su simplista esquema pretendía
lo contrario: la película ha sido un gran fracaso en taquilla,
con ingresos de apenas 50 millones de dólares en Estados
Unidos, es decir, menos de la tercera parte de su costo total.
Con ello, la Warner Bros. debe esperar largamente su corrida a
nivel mundial y su llegada al video para evitar las pérdidas,
ya que hay que recordar que de los ingresos, alrededor de una
tercera parte, en terminos generales, regresa al productor.