Regresa
el más conocido héroe derivado del comic, el ícono
de la cultura popular, Superman, 28 años después
de la super producción que inició una nueva serie
sobre este personaje, que abarcó un total de cuatro películas,
todas ellas interpretadas por el famoso actor Christopher Reeve,
quien años después quedara parapléjico hasta
su fallecimiento hace dos años.
Ahora,
Hollywood, en su ansia mercantil, retoma el personaje tras varios
proyectos que no fructificaron, en una costosísima producción
de alrededor de 230 millones de dólares, el mayor presupuesto
jamás utilizado en una película.
Superman
Regresa (Superman Returns) más que un remake,
es una continuación de la trama de la primera película
que dirigiera Richard Donner en 1978, y que dio lugar a tres secuelas,
las dos últimas de ellas totalmente olvidables. Cuando
en las últimas dos décadas se han realizado alrededor
de 30 cintas sobre super héroes, era extraño que
el más popular de todos no hubiera reaparecido en la pantalla
con los notorios avances tecnológicos que se han dado.
El
regreso implicaba necesariamente cambios en el personaje que surgió
hace 70 años, obra de Joe Shuster y Jerry Siegel y que
en un principio no poseía la capacidad de volar. La útima
cinta sobre el personaje se remonta a 1987 y representó
un sonoro fracaso en taquilla. Los proyectos para emprender una
nueva película pasaron por un sinfín de célebres
directores como Tim Burton, quien triunfó en la memorable
Batman, Oliver Stone o Wolfang Petersen, y actores como
Nicolas Cage, Matt Damon o Jude Law. Mientras tanto, el héroe
siguió presente en la cultura de masas en la impresión
de comics y en nuevas series de television como Las Aventuras
de Louis y Clarke, y Smalville, afianzándose
como el mayor mito del comic.
Finalmente,
la Warner Bros. se decidió a lanzar la casa por la ventana
con una inversión gigantesca, además de 100 millones
de dólares para promoción, 40 millones adicionales
de compensación para cancelar otros proyectos sobre el
tema y una versión para IMAX. El estudio decidió
apostar por un actor totalmente desconocido para encarnar a este
super héroe de antaño: Brandon Routh, de 26 años,
indudablemente por su notable parecido con Christopher Reeve.
La
elección de Routh representa el primer problema serio de
la película: su limitada capacidad histriónica,
que constituye una barrera para que el espectador pueda identificarse
con él.
Si
la nueva cinta de esta saga épica fantástica hacía
necesaria una buena historia, precisamente el filme adolece la
falta de un relato sólido e inteligente.
Hay
una trama poco convincente por excesiva, que junta los personajes
de la historia sin sentido, y que desaprovecha caracteres vitales,
desde el mismo Clark Kent, muy pobremente desarrollado. Algo mal
está en el guión si podemos desaparecer las escenas
en las que él aparece sin que pase nada.
La
trama central en la que Lex Luthor planea hundir gran parte de
Norteamérica para crear su propo continente y vender la
tierra a precios exorbitantes, suena ridículo.
No
hay tampoco un reflejo certero del ideralismo de Superman y la
representación de la lucha del bien con el mal enmedio
de la ambiguedad de la época de la globalización.
Bajo
este panorama, lo más destacable es la obvia dimensión
religiosa de la historia, por el planteamiento de la dualidad
Padre/Hijo y del sacrificio de convertirse en humano para soportar
el dolor y salvar a la humanidad, El carácter mesiánico
del mito se hace palpable aunque no trasciende el ámbito
de su vocación misteriosa por las propias flaquezas argumentales.
En
cambio, la cinta falla en la evocación de la dimensión
de la tragedia en el destino del personaje, y a diferencia de
su predecesora, carece de sentido de la parodia que le impide
desarrollar el juego del humor.
Por
ello, con pocos cambios en el personaje, no posee el potencial
para enganchar a las nuevas generaciones o para poner a soñar
a las grandes audiencias. Sobre todo, porque no hay encanto.
Hay
espectáculo de efectos especiales, y sin duda no faltan
las escenas de intensidad como cuando Superman para la bala con
el ojo, pero en general carece de emotividad. Es una producción
de pomposidad visual pero vacía y a fin de cuentas, intrascendente.
Decepciona
de manera particular porque se esperaba más de un director
audaz como Bryan Singer, el autor de Sospechosos Comunes (Unusual
Suspects), y de las dos primeras partes de X Men,
cuyo potente sentido de la fantasía está ahora ausente.
Falta
de audacia argumental, demasiada rigidez para tratar de copiar
el Superman del 78, incapaz de dar coherencia a un relato
que acaba ahogándose en su simplismo argumental, queda
sólo como un costoso entretenimiento pero de pocas cualidades
y sin duda, a la luz del balance de su estreno, de menor impacto
sociológico y comercial que la película que le dio
celebridad a Christopher Reeve, a quien por cierto está
dedicada esta nueva producción.
En
el reparto, destaca eso sí, el desempeño del siempre
brillante Kevin Spacey, quien, en su papel de Luthor, da la dimensión
correcta del villano al mejor estilo comic.
Se
trata de una de las pocas apariciones recientes en la pantalla grande
de Spacey, dedicado ahora a su labor como director de una compañía
teatral londinense, lo que demuestra su enorme pasión por
el arte dramático. El aceptó el papel por su amistad
con Singer, a quien le debe el impulso en su carrera tras dirigirlo
en Sospechosos Comunes (The Usual Suspects), por la que
Spacey ganó el Oscar de coactor, al que que luego sumaría
el de actor estelar por Belleza Americana (American Beauty).
Como
dato curioso, que refleja la cuidadosa estratregia de la Warner
para lanzar la película, su estreno en varios países,
como México y España, se pospuso hasta la terminación
del Mundial de Futbol.