La Crítica de la Semana Diciembre de 2006

LOS INFILTRADOS
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En la línea temática de reflejar la violencia intrínseca en el ser humano, preocupado por sus obsesiones sobre la ambición, la soberbia, la traición y el ejercicio del poder dominante en las relaciones grupales, el cineasta norteamericano Martin Scorsese nos ofrece, fiel a su estilo narrativo grandilocuente, una auténtica obra maestra.

Con Los Infiltrados (The Departed) alcanza la cumbre de su arte. Ni más ni menos, sin exageraciones ni calificativos lanzados a la ligera, estamos frente a un prodigioso trabajo artístico, un imponente fresco visual y estilístico que revitaliza al cine mismo.

El filme es un testimonio del lado oscuro del ser humano y de las perversiones a las que lo derivan el uso de la violencia irracional, pero también es un manifiesto de la solidaridad grupal, de la defensa de códigos de ética, y a fin de cuentas, es una historia de amistades y traiciones.
La mirada de Scorsese no permite convencionalismos ni concesiones gratuitas al espectador. Crudo, directo, el camino de la violencia se utiliza como recurso fundamental para darle cohesión y justificación a un relato cargado de intensidad.

Pero no hay escenas innecesarias ni mucho menos el uso grotesco de la violencia como producto sensacionalista. Al contrario, se convierte en catalizadora de emociones y reacciones individuales, y en un medio para la aplicación de normas de conducta coherentemente enmarcadas en la realidad urbana contemporánea.

En ese sentido, la violencia funciona como retrato de la complejidad de las relaciones sociales y de los sistemas de poder.

Por ello, Los Infiltrados es heredera de las grandes leyendas de guerreros, que han estado ligadas al desarrollo de la historia del hombre. Aun dentro de su tono realista, todo su esquema asume una postura mítica, lo que justifica la frenética sucesión de hechos que desembocan en un final caótico que conduce al espectador por un laberinto continuo de sorpresas y giros temáticos.
Sorprende la capacidad de Scorsese para llevar a cabo la historia y darle forma, entrecruzando los finos hilos de una trama que va adquiriendo unidad y solidez de manera paulatina a medida que avanza la narración, donde cada punto, secuencia, detalle y diálogo va encajando en un rompecabezas apasionante y revelador.

Compuesta como thriller policiaco que nunca decae en su interés y que mantiene su capacidad vitalizadora y su intensa carga de manera ininterrumpida, lo cual en sí mismo resulta una hazaña, son las relaciones entre los personajes los que le otorgan una dimensión peculiar, que atrapan y envuelven al espectador, porque están trazadas con profundidad en todo su ámbito humano y en su complejidad psicológica, entre seres de carne y hueso.

Son relaciones que adquieren una tonalidad de vehemencia y entesamiento que penetra en nuestras mentes, que nos hace vibrar pero al mismo tiempo reflexionar sobre la fragilidad del destino humano, sobre la corrupción social del sistema económico, sobre los peligros y el salvajismo de la paradójica sociedad moderna.

La película es así un espejo de la furia, el frenesí y la brutalidad de la que puede ser capaz el ser humano, pero no de aquel individuo paranoico encerrado en un manicomio o en la prisión, sino en seres que se mueven en el tejido social a los que el sistema les ha dado la oportunidad de triunfar y llegar a “ser alguien” en términos monetarios.

Por eso los logros de la cinta resultan tan significativos y extraordinarios. Se mueve en diferentes ámbitos, del psicológico al social, y acierta sus dardos con certera puntería. Pero ante todo, se trata de una película que refleja la condición humana.

Martin Scorsese, una leyenda viviente de la cinematografía mundial, quien acaba de cumplir 64 años de edad, poseedor de una destacada trayectoria que se prolonga por más de cuatro décadas, reconocido en 1997 por el American Film Institute por los logros de su carrera, nos regala ahora su obra más madura y redonda.

Realizador de la legendaria Taxi Driver, el cineasta que desde su opera prima, Calles Peligrosas (Mean Street) de 1973, sorprendió a la crítica; el autor de las muy brillantes Toro Salvaje (Raging Bull), La Ultima Tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ), Buenos Muchachos (Goodfellas), y Pandillas en Nueva York (Gangs of New York), da incluso un paso más adelante, en plena forma creativa, después de que hace dos años nos ofreció otra cinta de altísimo nivel, El Aviador (The Aviator), en la que abordaba la vida del polifacético y extravagante multimillonario Howard Hughes.

En Los Infiltrados, la audacia de Scorsese, su continua búsqueda de renovación de formas expresivas, converge con mayor lucidez, con mayor rigor, sin la tendencia al exceso de Pandillas en Nueva York y con mayor dinamismo narrativo que El Aviador, en ésta que bien puede calificarse como una de las grandes obras de los últimos años.

Como en esas dos películas anteriores de Scorsese, por tercera vez consecutiva el intérprete central vuelve a ser el famoso Leonardo di Caprio, consolidado como un actor sólido y de gran capacidad expresiva. A su lado, en un mano a mano memorable, el genial Jack Nicholson nos ofrece una deslumbrante actuación que por sí sola hace que el boleto bien valga la pena.

Por cierto, di Caprio se prepara para filmar otra vaz bajo las órdenes de Scorsese, encarnando al presidente estadunidense Theodore Roosevelt.

Las nominaciones de la cinta al Oscar como mejor película y mejor director son seguras. La gran pregunta es si ahora sí, por fin, la Academia de Hollywood entregará la estatuilla a Martin Scorsese, en la que será su sexta nominación. Las muy buenas críticas que el filme ha recibido así como su éxito de taquilla, con recaudaciones de casi 120 millones de dólares en Estados Unidos, así parecen augurarlo, pero después del que este año, contra todos los pronósticos y la lógica, la Academia le arrebatara el Oscar a Brokeback Mountain, cualquier desvarío puede esperarse.

 
     
 

The Departed

(Película estadunidense dirigida por Martin Scorsese con guión de William Morahan, basado en la película de Hong Kong, Infernal Affairs; Fotografía: Michael Ballhaus; Música: Howard Shore; Edición: Thelma Schoonmaker. Intérpretes: Leonardo di Caprio, Matt Damon, Jack Nicholson, Vera Farmiga, Mark Wahlberg, Ray Winstone, Martin Sheen y Alec Baldwin) (2006

 
     
  Eduardo Marín Conde  
 

 




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 Última actualización 30 de Noviembre de 2006.