El
género de animación sigue gozando de grandes momentos.
La creatividad, el ingenio para concebir historias con una audaz
visión inventiva y la frescura para dar pie a la chispa
irónica, han caracterizado a no pocas películas
desde hace ya una década, desde que Toy Story,
la primera producción de Pixar, el estudio que revolucionó
este campo, marcó en 1995 el inicio de los dibujos animados
digitales por computadora.
Desde
entonces, el talento ha ido de la mano de un amplio número
de cintas de alto nivel, que han ligado al género con la
vanguardia cinematográfica.
Paralelamente,
el mercado se volvió sumamente competitivo ya que diversos
estudios han incursionado en este terreno en busca del éxito
comercial. Los resultados han sido notoriamente dispares: al lado
de los grandes taquillazos, se han dado también sonoros
fracasos, de los que ningún estudio se ha salvado, con
excepción de Pixar, que asociado con Disney para distribuir
y promover las películas de su creación, han marcado
un notable grado de calidad.
Las
cintas que han conseguido los mayores ingresos han sido las de
dibujos digitales, que ha coincidido con su audacia e ingenio
argumental. En realidad, desde Tarzán, de Disney,
en 1999, ninguna otra cinta de dibujos tradicionales ha logrado
un importante éxito comercial.
Este
año y tras muchas especulaciones sobre el futuro de Pixar
tras concluir el acuerdo entre ambas partes, el poderoso imperio
Disney finalmente lo fusionó, pero el panorama luce incierto.
La clave es qué tanto el equipo creativo de Pixar podrá
seguir trabajando con libertad, alejado de las presiones mercantiles
del gigante.
La
calidad alcanzada por el género obligó a la Academia
de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood a crear
para el año 2002 una nueva categoría en los Oscares
para premiar a la mejor película de animación.
La
primera estatuilla que se entregó fue para Dreamworks,
el estudio que ha significado la mayor competencia contra Disney
y la cinta galardonada no pudo ser más relevante y emblemática:
Shrek, que además se convirtió en un sensacional
éxito de taquilla.
Convertida
en todo un fenómeno sociológico, la secuela era
inevitable y en 2004 arrasó la taquilla, ubicándose
como la tercera película más taquillera en el mercado
norteamericano, con recaudaciones de 436 millones de dólares.
Shrek es ya un ícono de la cultura popular y un
personaje que adquirió proporciones míticas. La
tercera parte se estrenará a mediados de 2007.
En
2003 el segundo Oscar concedido al género no fue para una
cinta de Holywood sino para el sorprendente filme japonés
El Viaje de Chihiro (Spirited Away), del gran maestro
veterano Hayao Miyazaki, con lo que con toda justicia se reconocía
la creatividad de la escuela animada del país del Lejano
Oriente y el estilo Manga, al tiempo que reflejó la versatilidad
de un género que dista mucho de ser exclusivo del público
infantil.
Al
año siguiente, por fin, Pixar fue retribuido con la codiciada
estatuilla, con Buscando a Nemo (Finding Nemo), y un
año después repitió el galardón, con
Los Increíbles, ambos premios sumamente merecidos.
Finalmente,
como mejor película animada de 2005 la academia distinguió
una obra diferente que volvió a demostrar las variadas
e inteligentes formas expresivas del género: la británica
Wallace y Gromit. La Batalla de los Vegetales (Wallace &
Gromit. The Curse of the Were Rabbit), en el que los personajes
no son dibujados sino hechos con plastilina.
Para
2007 el Oscar será disputado entre dos brillantes filmes
que una vez más, ponen el nivel de creatividad en la cima:
la producción de Pixar, Cars, y Happy
Feet, que parte como favorita.
Producida
por la Warner Bros, la cual se decidió, por primera vez
en esta década, a volver a incursionar en los dibujos animados
tras sus dolorosos fracasos comerciales con cintas como El
Gigante de Hierro (The Iron Giant) o la mediocre La Espada
Mágica (Quest of Camelot), Happy Feet
mantiene vigente la enorme capacidad del género de sorprendernos.
La
trama sigue la odisea de los pinguinos emperadores en La Antártida
y se centra en un personaje peculiar, un pinguino extraño
que tiene el curioso don de bailar tap.
Lo
que parece ser al inicio una película de corte musical
con los animales bailando y cantando, y que arranca a ritmo soso,
da un giro y se convierte en un drama que da testimonio de la
desvastación ecológica causada por el hombre y del
peligro de la extinción de la vida animal en esta zona
del planeta.
La
película funciona en todos los aspectos: posee un vigoroso
sentido dramático, muestra una altísima calidad
estética de los dibujos que adquiere un admirable tono
realista en ciertos caracteres como las focas o los elefantes
marinos, su narrativa desarrolla un estricto lenguaje cinematográfico
en planos, tomas y secuencias, transmite calidez y chispa en la
recreación de personajes, y logra un objetivo manifiesto
que incita a la toma de conciencia, y que a veces parece un documental
de Discovery Channel.
La
parte final adquiere momentos climáticos reconstruidos
certera y efectivamente, que capturan el interés del público
de manera convincente. La resolución alcanza intensidad
y los acontecimientos se suceden a ritmo de frenesí, al
transitar por una diversa gama de tonalidades, que va del drama
a la emotividad, del retrato intimista al gran espectáculo
visual, en el que, en una muy afortunada apuesta, aparecen actores
reales interactuando con los caracteres animados.
Gran
parte del mérito radica en la astuta e inteligente dirección
a cargo del australiano George Miller, un cineasta maduro y de
larga trayectoria, con un sentido de la imaginación, que
aquí plasma en toda su magnitud. Miller es ni más
ni menos que el creador de la mítica serie fílmica
de Mad Max y realizador de Las Brujas de Eastwick
(The Witches of Eastwick) y Un Milagro para Lorenzo (Lorenzos
Oil), que regresa a dirigir tras una ausencia de seis años
en el que se recuperó con creces del fracaso de la abigarrada
Babe 2.
Es
la primera vez que una película de dibujos animados es
dirigida por un cineasta de amplia experiencia en el campo cinematográfico
con actores. Los resultados están a la vista.
Por
lo pronto, Happy Feet ha recibido varios
premios: el de mejor filme animado por parte de la asociación
de críticos tanto de Nueva York como de Los Angeles, y
ha sido nominado en esta categoría, junto con Cars
y Monster House, en los Globos de Oro, que se entregarán
el 15 de enero. Cabe señalar que a su vez, la National
Board of Review de Estados Unidos designó como mejor pelicula
a Cars.
Además,
su calidad se ha visto recompensada en taquilla, con jugosos ingresos
de más de 150 millones de dólares sólo en
Estados Unidos.