La Crítica de la Semana Diciembre de 2006

HAPPY FEET
críticas
anteriores
Críticas Anteriores
 

El género de animación sigue gozando de grandes momentos. La creatividad, el ingenio para concebir historias con una audaz visión inventiva y la frescura para dar pie a la chispa irónica, han caracterizado a no pocas películas desde hace ya una década, desde que Toy Story, la primera producción de Pixar, el estudio que revolucionó este campo, marcó en 1995 el inicio de los dibujos animados digitales por computadora.

Desde entonces, el talento ha ido de la mano de un amplio número de cintas de alto nivel, que han ligado al género con la vanguardia cinematográfica.

Paralelamente, el mercado se volvió sumamente competitivo ya que diversos estudios han incursionado en este terreno en busca del éxito comercial. Los resultados han sido notoriamente dispares: al lado de los grandes taquillazos, se han dado también sonoros fracasos, de los que ningún estudio se ha salvado, con excepción de Pixar, que asociado con Disney para distribuir y promover las películas de su creación, han marcado un notable grado de calidad.

Las cintas que han conseguido los mayores ingresos han sido las de dibujos digitales, que ha coincidido con su audacia e ingenio argumental. En realidad, desde Tarzán, de Disney, en 1999, ninguna otra cinta de dibujos tradicionales ha logrado un importante éxito comercial.

Este año y tras muchas especulaciones sobre el futuro de Pixar tras concluir el acuerdo entre ambas partes, el poderoso imperio Disney finalmente lo fusionó, pero el panorama luce incierto. La clave es qué tanto el equipo creativo de Pixar podrá seguir trabajando con libertad, alejado de las presiones mercantiles del gigante.

La calidad alcanzada por el género obligó a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood a crear para el año 2002 una nueva categoría en los Oscares para premiar a la mejor película de animación.

La primera estatuilla que se entregó fue para Dreamworks, el estudio que ha significado la mayor competencia contra Disney y la cinta galardonada no pudo ser más relevante y emblemática: Shrek, que además se convirtió en un sensacional éxito de taquilla.

Convertida en todo un fenómeno sociológico, la secuela era inevitable y en 2004 arrasó la taquilla, ubicándose como la tercera película más taquillera en el mercado norteamericano, con recaudaciones de 436 millones de dólares. Shrek es ya un ícono de la cultura popular y un personaje que adquirió proporciones míticas. La tercera parte se estrenará a mediados de 2007.

En 2003 el segundo Oscar concedido al género no fue para una cinta de Holywood sino para el sorprendente filme japonés El Viaje de Chihiro (Spirited Away), del gran maestro veterano Hayao Miyazaki, con lo que con toda justicia se reconocía la creatividad de la escuela animada del país del Lejano Oriente y el estilo Manga, al tiempo que reflejó la versatilidad de un género que dista mucho de ser exclusivo del público infantil.

Al año siguiente, por fin, Pixar fue retribuido con la codiciada estatuilla, con Buscando a Nemo (Finding Nemo), y un año después repitió el galardón, con Los Increíbles, ambos premios sumamente merecidos.

Finalmente, como mejor película animada de 2005 la academia distinguió una obra diferente que volvió a demostrar las variadas e inteligentes formas expresivas del género: la británica Wallace y Gromit. La Batalla de los Vegetales (Wallace & Gromit. The Curse of the Were Rabbit), en el que los personajes no son dibujados sino hechos con plastilina.

Para 2007 el Oscar será disputado entre dos brillantes filmes que una vez más, ponen el nivel de creatividad en la cima: la producción de Pixar, Cars, y Happy Feet, que parte como favorita.

Producida por la Warner Bros, la cual se decidió, por primera vez en esta década, a volver a incursionar en los dibujos animados tras sus dolorosos fracasos comerciales con cintas como El Gigante de Hierro (The Iron Giant) o la mediocre La Espada Mágica (Quest of Camelot), Happy Feet mantiene vigente la enorme capacidad del género de sorprendernos.

La trama sigue la odisea de los pinguinos emperadores en La Antártida y se centra en un personaje peculiar, un pinguino extraño que tiene el curioso don de bailar tap.

Lo que parece ser al inicio una película de corte musical con los animales bailando y cantando, y que arranca a ritmo soso, da un giro y se convierte en un drama que da testimonio de la desvastación ecológica causada por el hombre y del peligro de la extinción de la vida animal en esta zona del planeta.

La película funciona en todos los aspectos: posee un vigoroso sentido dramático, muestra una altísima calidad estética de los dibujos que adquiere un admirable tono realista en ciertos caracteres como las focas o los elefantes marinos, su narrativa desarrolla un estricto lenguaje cinematográfico en planos, tomas y secuencias, transmite calidez y chispa en la recreación de personajes, y logra un objetivo manifiesto que incita a la toma de conciencia, y que a veces parece un documental de Discovery Channel.

La parte final adquiere momentos climáticos reconstruidos certera y efectivamente, que capturan el interés del público de manera convincente. La resolución alcanza intensidad y los acontecimientos se suceden a ritmo de frenesí, al transitar por una diversa gama de tonalidades, que va del drama a la emotividad, del retrato intimista al gran espectáculo visual, en el que, en una muy afortunada apuesta, aparecen actores reales interactuando con los caracteres animados.

Gran parte del mérito radica en la astuta e inteligente dirección a cargo del australiano George Miller, un cineasta maduro y de larga trayectoria, con un sentido de la imaginación, que aquí plasma en toda su magnitud. Miller es ni más ni menos que el creador de la mítica serie fílmica de Mad Max y realizador de Las Brujas de Eastwick (The Witches of Eastwick) y Un Milagro para Lorenzo (Lorenzo’s Oil), que regresa a dirigir tras una ausencia de seis años en el que se recuperó con creces del fracaso de la abigarrada Babe 2.

Es la primera vez que una película de dibujos animados es dirigida por un cineasta de amplia experiencia en el campo cinematográfico con actores. Los resultados están a la vista.

Por lo pronto, Happy Feet ha recibido varios premios: el de mejor filme animado por parte de la asociación de críticos tanto de Nueva York como de Los Angeles, y ha sido nominado en esta categoría, junto con Cars y Monster House, en los Globos de Oro, que se entregarán el 15 de enero. Cabe señalar que a su vez, la National Board of Review de Estados Unidos designó como mejor pelicula a Cars.

Además, su calidad se ha visto recompensada en taquilla, con jugosos ingresos de más de 150 millones de dólares sólo en Estados Unidos.

 
     
 

Happy Feet

(Película de animación estadunidense australiana dirigida por George Miller con guión suyo, de Warren Coleman, John Collee y Judy Morris; Música: John Powell; Edición: Christian Gazal) (2006)

 
     
  Eduardo Marín Conde  
 

 




TU CRITICA AQUI

Queremos saber tu opinión acerca de nuestro sitio.
Envíanos cualquier comentario o sugerencia acerca
de esta nueva imagen.

Te invitamos a participar en nuestro espacio, envíanos tus opiniones
serias sobre las películas que aquí comentamos para que sean
publicadas en éste espacio.

sugerencias@cine-butaca.com.mx
Home| La Crítica de la Semana | Cartelera |   Correo de Amigos |
Cine en Video | Butacas | El Autor | Créditos | Críticas Anteriores
© 1999-2002  Cine-Butaca     Diseño y Actualizaciones: A&M Diseño

 Última actualización 18 de Diciembre de 2006.