Regresa
Woody Allen. El genial cineasta norteamericano vuelve por sus
fueros. Sin duda, el cineasta de peso más prolífico
en el ultimo cuarto de siglo, que ha realizado casi una película
por año, nos ofrece ahora su mejor obra en los últimos
20 años, lo cual constituye un gran acontecimento digno
de celebrar para los verdaderos cinéfilos.
La
Provocación, que es el poco afortunado título
con el que se acaba de estrenar en México, y con algunos
meses de retraso, Match Point, la última
de sus películas que ha llegado a las salas (fiel a su
tradición, acaba de rodar otra nueva producción,
Last Days), es una cinta redonda, cargada de sorpresas
que envuelven al espectador y que nos remite al mejor Woody Allen.
Es
un hecho que Allen había decaído en los últimos
años y parecía que había perdido el punch
y agotado su creatividad.
Sus
últimas tres películas habían sido de calidad
mediana: El Ciego (Hollywood Ending), Muero por Ti (Anything
Else) y Melinda y Melinda. Es más, su anterior trabajo
de alta calidad se remontaba 12 años atrás, con
Balas sobre Broadway (Bullets Over Broadway).
Pues
bien, ahora a sus 70 años de edad, el célebre y
ya legendario cineasta neoyorquino nos vuelve a regalar un filme
maduro, muy sólido argumentalmente, donde afloran otra
vez el ingenio, la profundidad en el trazo de las relaciones de
pareja, y la lucidez para abordar sus temás más
característicos, digamos, casi obsesivos, como han sido
el sexo y el amor.
Bien
se puede afirmar que Woody Allen es el cineasta de las relaciones
humanas.
Match
Point despliega la vigorosa y conocida capacidad
de convicción que ha sido distintitivo del cineasta, por
su planteamiento verosímil para reflejar los aspectos sociales
de la cotidianidad.
Es
el espejo de un círculo que él conoce y que maneja
con asombrosa habilidad: el contexto actual de las grandes ciudades,
el ambiente intelectual, el círculo artístico. Ese
ha sido su derecho y ha sido su valioso aporte al cine contemporáneo.
Quizás
no está a la altura de sus obras maestras como Annie
Hall, Manhattan, Interiores, La Rosa Púrpura de El Cairo
(The Purple Rose of Cairo), Zelig o Hannah y sus Hermanas,
porque falta ese toque de auténtica inspiración
que nos sacuda, pero vaya que es una obra relevante en la que
se nos ofrece un inteligente retrato de sentimientos individuales.
Aflora,
eso sí, su talente de inventiva y su sobrada habilidad
narrativa para adentrarse en una historia que abarca varios años,
recurriendo con pericia al manejo de elipsis y los saltos cronológicos.
Sorprende,
por estar firmada por Allen, el manejo del tono dramático
que se aleja del esquema de comedia, lo que no sucedía
desde hace al menos 15 años. Por eso fue nominada precisamente
como mejor drama en la última entrega de los Globos de
Oro.
Sin
el afán de buscar el toque de humor o el chiste de una
situación determinada, que lo había llevado a un
callejón sin salida en sus más recientes trabajos,
Allen se enfoca a desmenuzar los conflictos interiores de los
personajes en un contexto vigorosamente realista, y lo consigue
porque delinea seres complejos en su propia dimensión humana.
Cargada
de intensidad, pero sin caer en la visión trágica
o solemne, la trama funciona con calculada precisión y
tiene la virtud de inducirnos a una vital reflexión sobre
la condición de la suerte y la casualidad en el destino
de nuestras vidas.
Con
todo merecimiento, recibió una vez más una nominación
al Oscar como mejor guión original, la número 20
en su trayectoria, lo que representa todo un record para un director-guionista
(además de una más como actor estelar, por Annie
Hall). De estas nominaciones, seis han sido como director
y el resto como guionista, de las que ha ganado tres estatuillas:
dos por Annie Hall, que fue galardonada como la mejor
película de 1977, y otra por el guión de Hannah
y sus Hermanas.
Cabe
señalar que Match Point es la
primera película de Allen que se filma por entero en Londres,
ya que se trata de una producción de la BBC, cuando normalmente
rueda en su ciudad preferida: Nueva York. Es también la
de mayor duración de su filmografía: 2 horas 5 minutos,
ya que nos tenía acostumbrados a cintas no mayores a 90
minutos.
Pero
sin duda alguna, son 125 minutos plenamente justificados, en las
que el relato va adquiriendo armonía y los componentes
argumentales van conformando en un rompecabezas en el que todas
las piezas acaban por encajar.
Y
como es también costumbre en sus realizaciones, cuenta
con un eficaz reparto encabezado por actores famosos, y ahora
sobresale la actuación de la muy talentosa y muy hermosa
actriz norteamericana Scarlett Johansson, memorable en Perdidos
en Tokio (Lost in Translation) y La Joven con el Arete de Perla
(The Girl With the Pearl Earring), cuya actuación
le valió una nominación al Globo de Oro, bien acompañada
por el irlandés Jonathan Rhys Meyers, a quien vimos en
Alejandro Magno (Alexander), Vanity Fair y a
quien pronto veremos en la tercera parte de Misión
Imposible, y quien este año ganó el Globo de
Oro como mejor actor en película o miniserie para TV, por
su encarnación como Elvis Presley.