La Crítica de la Semana Agosto de 2006

VUELO 93
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A punto de conmemorarse el quinto aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, Hollywood afronta los riesgos de abordar la tragedia, con dos películas sobre el tema, basadas en hechos reales, pero diferentes entre sí tanto en su temática como en su envergadura y estilo: Vuelo 93 (United 93), dirigida por el realizador de La Supremacía Bourne (The Bourne Supremacy), Paul Greengrass, recién estrenada en México y otros países, y Las Torres Gemelas (World Trade Center), de Oliver Stone, que entra a su segunda semana de cartelera en Estados Unidos y que en breve sera exhibida en Latinoamérica, casi de manera inmediata.

El filme se centra en el caso del avión de United Airlines que cubría el vuelo 93 Newark-San Francisco, cuando los terroristas que lo secuestraron no cumplieron su objetivo de estrellarlo en Washington, posiblemente en El Capitolio, debido a que los pasajeros se rebelaron y se les enfrentaron, aunque no pudieron hacerse del control de la nave, que acabó estrellándose en sitio despoblado en Pennsylvania.

Mientras tanto, en iguales misiones suicidas, otros tres aviones se estrellaron en las dos torres gemelas de Nueva York y en El Pentágono.

La película abarca dos escenarios: por un lado, los incidentes de ese vuelo 93 y simultáneamente, se enfoca en las actividades en las torres de control de los aeropuertos que supervisaban dichos vuelos, en Nueva York, Newark, Cleveland y Boston, así como en la base de control principal y en la comandancia aérea militar.

Lo primero que sorprende es la capacidad de la película para recrear los acontecimientos de una manera absolutamente realista. Esa es su principal virtud, que le permite atrapar al espectador e involucrarlo en su relato.

Así, la cinta adquiere prácticamente un tono documental, ya que las escenas parecen filmadas en los momentos reales. A ello contribuyen las tomas con cámara en mano, sus bruscos movimientos cuando se suscitan las confrontaciones y las vistas al exterior desde las aeronaves.
Vuelo 93 es una obra testimonial que pone el dedo en la llaga de la profunda herida de la memoria colectiva estadunidense sobre acontecimientos recientes que aún están muy frescos.

Es el retrato abierto y verosímil de lo que acaeció ese fatal día. Mientras las escenas de los centros de control están reconstruidas con base en los testimonios auténticos de los protagonistas, al grado que la mayoría de los personajes son los propios controladores que se interpretan a sí mismos. las secuencias en el interior del vuelo poseen una fuerza intrínseca. Es difícil imaginar alguna situación diferente que pudiera adaptarse más a la realidad. Las imágenes que tenemos frente a nuestros ojos lucen verdaderas, son concebidas sin convencionalismos ni concesiones fáciles. Son imágenes de hondo sentido humano, que captan seres normales, de carne y hueso, incluyendo a los propios terroristas.

Si, como señalábamos, la cualidad fundamental del filme es esa visión tan realista que resulta estremecedora, lo que plantea es un manifiesto crítico profundo, que revela los errores, las indecisiones y la falta de coordinación efectiva, con la rapidez que la situación de emergencia exigía, que se dio entre los controladores y el mando militar. Y la crítica alcanza el más alto nivel, ya que apuntala claramente la falta oportuna de respuesta presidencial para dar la orden de derribar los aviones secuestrados y evitar que se estrellaran contra los edificios.

Por ello, Vuelo 93 va más allá que el testimonio de la tragedia. Es una denuncia crítica de una respuesta inefectiva. Pero tampoco cae en excesos ni su denuncia es injusta o desproporcionada. Todos las reacciones, los diálogos, las actividades de los involucrados, están contemplados en su dimensión equilibrada y objetiva: las autoridades se enfrentan a una situación totalmente inédita e insólita, y sus respuestas se asumen con la plena lógica del contexto.

En el filme no hay culpables ni a quien echarle la culpa del hecho de no impedir los ataques, ante la enorme dimensión de la tragedia. No hay tampoco héroes a ultranza como en las cintas policiacas y dc acción. No hay personajes invencibles e ilógicos como el agente Jack Bauer de la popular serie de TV, 24.

Contra lo que se pudiera esperar, no hay vacuas exaltaciones patrioteras, sino dramas individuales. Y tampoco, desde luego, hay final feliz, ni chantajes sentimentales gratuitos. No hay concesiones al espectador: el público va a ver lo que sucedió en la realidad, con toda su crudeza, o lo más cercano a lo que pudo haber sucedido, y ya sabe cómo ternminará la historia.
Ese es el valor de esta película que tendrá un peso histórico clave y una trascendencia inobjetable.

Pero es precisamente por esas mismas rezones que la cinta resultó un fracaso en taquilla en Estados Unidos, aunque seguramente en su exhibición internacional le irá mucho mejor. Para el público norteamericano, es demasiado pronto ver y asumir la realidad. No desea afrontar esa realidad, y menos aún, cuestionarse los fracasos de la política de seguridad de su país, el más poderoso del mundo, sumido ahora en una insensata y dolorosa guerra en Irak.

De igual modo, la otra producción sobre el tema, World Trade Center, tampoco ha tenido una corrida comercial afortunada, aunque sus resultados son mejores, debido a que tiene un elemento ausente en Vuelo 93: sí enaltece la figura de personajes, dos bomberos neoyorquinos supervivientes.

Es cierto que abordando una crítica feroz contra el presidente Bush y denunciando una supuesta complicidad con los magnates árabes, el documental Fahrenheit 9/11 del muy aguerrido Michael Moore, pulverizó hace dos años todos los records de taquilla para el género y recaudó 120 millones de dólares en Estados Unidos.

Pero mientras este filme se concebía como una denuncia radical que muchos vieron poco objetiva, por la que la asumieron como un panfleto político revelador, pero, eso sí ,entretenido por sus especulaciones sobre conjuras, Vuelo 93 en cambio, no cae en radicalismos: su mirada no parece obra de un extremista y su discurso luce objetivo, lo cual es precisamente lo que más duele en la conciencia colectiva norteamericana, y por ende, el público masivo ha preferido la evasión.

Pero sin duda, se trata de una obra de valor por ser la primera que confronta y da la cara a la realidad de ese terrible día.. Y ese es un objetivo del cine: ser testimonio de la historia.

 
     
 

United 93

(Película estadunidense británica francesa dirigida por Paul Greengrass con guión suyo; Fotografía: Barry Ackroyd; Música: John Powell; Edición: Clare Douglas, Richard Pearson y Christopher Rouse. Intérpretes: J. J. Johnson, Gary Commock, Christian Clemenson, Trish Gates, Lewis Alsamari, Omar Berdouni, Jamie Harding, Cheyenne Jackson, Opal Alladin, Polly Adams, David Alan Basche y Liza Colón Zayas) (2006

 
     
  Eduardo Marín Conde  
 

 




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 Última actualización 21 de Agosto de 2006.