A
punto de conmemorarse el quinto aniversario de los ataques terroristas
del 11 de septiembre de 2001, Hollywood afronta los riesgos de
abordar la tragedia, con dos películas sobre el tema, basadas
en hechos reales, pero diferentes entre sí tanto en su
temática como en su envergadura y estilo: Vuelo
93 (United 93), dirigida por el realizador de La
Supremacía Bourne (The Bourne Supremacy), Paul Greengrass,
recién estrenada en México y otros países,
y Las Torres Gemelas (World Trade Center), de Oliver
Stone, que entra a su segunda semana de cartelera en Estados Unidos
y que en breve sera exhibida en Latinoamérica, casi de
manera inmediata.
El
filme se centra en el caso del avión de United Airlines
que cubría el vuelo 93 Newark-San Francisco, cuando los
terroristas que lo secuestraron no cumplieron su objetivo de estrellarlo
en Washington, posiblemente en El Capitolio, debido a que los
pasajeros se rebelaron y se les enfrentaron, aunque no pudieron
hacerse del control de la nave, que acabó estrellándose
en sitio despoblado en Pennsylvania.
Mientras
tanto, en iguales misiones suicidas, otros tres aviones se estrellaron
en las dos torres gemelas de Nueva York y en El Pentágono.
La
película abarca dos escenarios: por un lado, los incidentes
de ese vuelo 93 y simultáneamente, se enfoca en las actividades
en las torres de control de los aeropuertos que supervisaban dichos
vuelos, en Nueva York, Newark, Cleveland y Boston, así
como en la base de control principal y en la comandancia aérea
militar.
Lo
primero que sorprende es la capacidad de la película para
recrear los acontecimientos de una manera absolutamente realista.
Esa es su principal virtud, que le permite atrapar al espectador
e involucrarlo en su relato.
Así,
la cinta adquiere prácticamente un tono documental, ya
que las escenas parecen filmadas en los momentos reales. A ello
contribuyen las tomas con cámara en mano, sus bruscos movimientos
cuando se suscitan las confrontaciones y las vistas al exterior
desde las aeronaves.
Vuelo 93 es una obra testimonial que
pone el dedo en la llaga de la profunda herida de la memoria colectiva
estadunidense sobre acontecimientos recientes que aún están
muy frescos.
Es
el retrato abierto y verosímil de lo que acaeció
ese fatal día. Mientras las escenas de los centros de control
están reconstruidas con base en los testimonios auténticos
de los protagonistas, al grado que la mayoría de los personajes
son los propios controladores que se interpretan a sí mismos.
las secuencias en el interior del vuelo poseen una fuerza intrínseca.
Es difícil imaginar alguna situación diferente que
pudiera adaptarse más a la realidad. Las imágenes
que tenemos frente a nuestros ojos lucen verdaderas, son concebidas
sin convencionalismos ni concesiones fáciles. Son imágenes
de hondo sentido humano, que captan seres normales, de carne y
hueso, incluyendo a los propios terroristas.
Si,
como señalábamos, la cualidad fundamental del filme
es esa visión tan realista que resulta estremecedora, lo
que plantea es un manifiesto crítico profundo, que revela
los errores, las indecisiones y la falta de coordinación
efectiva, con la rapidez que la situación de emergencia
exigía, que se dio entre los controladores y el mando militar.
Y la crítica alcanza el más alto nivel, ya que apuntala
claramente la falta oportuna de respuesta presidencial para dar
la orden de derribar los aviones secuestrados y evitar que se
estrellaran contra los edificios.
Por
ello, Vuelo 93 va más allá
que el testimonio de la tragedia. Es una denuncia crítica
de una respuesta inefectiva. Pero tampoco cae en excesos ni su
denuncia es injusta o desproporcionada. Todos las reacciones,
los diálogos, las actividades de los involucrados, están
contemplados en su dimensión equilibrada y objetiva: las
autoridades se enfrentan a una situación totalmente inédita
e insólita, y sus respuestas se asumen con la plena lógica
del contexto.
En
el filme no hay culpables ni a quien echarle la culpa del hecho
de no impedir los ataques, ante la enorme dimensión de
la tragedia. No hay tampoco héroes a ultranza como en las
cintas policiacas y dc acción. No hay personajes invencibles
e ilógicos como el agente Jack Bauer de la popular serie
de TV, 24.
Contra
lo que se pudiera esperar, no hay vacuas exaltaciones patrioteras,
sino dramas individuales. Y tampoco, desde luego, hay final feliz,
ni chantajes sentimentales gratuitos. No hay concesiones al espectador:
el público va a ver lo que sucedió en la realidad,
con toda su crudeza, o lo más cercano a lo que pudo haber
sucedido, y ya sabe cómo ternminará la historia.
Ese es el valor de esta película que tendrá un peso
histórico clave y una trascendencia inobjetable.
Pero
es precisamente por esas mismas rezones que la cinta resultó
un fracaso en taquilla en Estados Unidos, aunque seguramente en
su exhibición internacional le irá mucho mejor.
Para el público norteamericano, es demasiado pronto ver
y asumir la realidad. No desea afrontar esa realidad, y menos
aún, cuestionarse los fracasos de la política de
seguridad de su país, el más poderoso del mundo,
sumido ahora en una insensata y dolorosa guerra en Irak.
De
igual modo, la otra producción sobre el tema, World
Trade Center, tampoco ha tenido una corrida comercial afortunada,
aunque sus resultados son mejores, debido a que tiene un elemento
ausente en Vuelo 93: sí enaltece la figura de personajes,
dos bomberos neoyorquinos supervivientes.
Es
cierto que abordando una crítica feroz contra el presidente
Bush y denunciando una supuesta complicidad con los magnates árabes,
el documental Fahrenheit 9/11 del muy aguerrido Michael
Moore, pulverizó hace dos años todos los records
de taquilla para el género y recaudó 120 millones
de dólares en Estados Unidos.
Pero
mientras este filme se concebía como una denuncia radical
que muchos vieron poco objetiva, por la que la asumieron como
un panfleto político revelador, pero, eso sí ,entretenido
por sus especulaciones sobre conjuras, Vuelo 93
en cambio, no cae en radicalismos: su mirada no parece obra de
un extremista y su discurso luce objetivo, lo cual es precisamente
lo que más duele en la conciencia colectiva norteamericana,
y por ende, el público masivo ha preferido la evasión.
Pero
sin duda, se trata de una obra de valor por ser la primera que
confronta y da la cara a la realidad de ese terrible día..
Y ese es un objetivo del cine: ser testimonio de la historia.