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Vuelve en su apogeo el cine de desastres, que ha cobrado un renovado
impulso en los últimos años a raíz de la multi
taquillera El Día de la Independencia, que en 1996
logró recaudaciones superiores a 800 millones de dólares
en el mundo, y de manera específica, de 300 millones en Estados
Unidos, lo que la sitúa entre las 20 cintas de mayores ingresos
de la historia.
Precisamente, el director de esta producción, el alemán
Roland Emmerich, autor también de Godzilla y El
Patriota, realiza ahora esta nueva y costosa cinta sobre la
catástrofe provocada por el cambio climático en el
planeta que arrasa todo el hemisferio norte y que hará que
La Tierra sufra una segunda glaciación, donde Nueva York
queda inundado por las aguas.
El
Día Después de Mañana (The Day
After Tomorrow) utiliza una vasta gama de sofisticados efectos
especiales para reflejar ese caos y plantear la destrucción
de una parte de la humanidad. Desde luego, ese planteamiento conlleva
en sí mismo una serie de circunstancias y situaciones argumentales
de diversa índole.
Sin
embargo, es ahí precisamente donde este espectacular filme
comienza a fallar ya que no apuntala de manera redonda el nivel
de implicaciones y decisiones de carácter político.
Aún así, guarda algunos momentos afortunados aislados,
como la imagen de ineptitud que pinta del vicepresidente de Estados
Unidos, que mucha similitud tiene con la realidad actual (aunque
luego da una un giro para delinear otra imagen de ese personaje)
y la mirada irónica cuando se señala que México
dará refugio a cientos de miles de norteamericanos que cruzan
su frontera una vez que el gobierno de EUA condone nuestra deuda
externa.
Pero
en donde la cinta sí se desploma es en el desarrollo del
relato, en el devenir de los personajes, en el cruce de las diferentes
historias individuales. Aquí es donde evoca un nivel de superficialidad,
de ligereza argumental, donde la historia no se sostiene, donde
muestra inmadurez y falta de solidez.
El
padre salvador que desafía los peligros, el hijo héroe
que da un ejemplo de sobrevivencia, la comunicación entre
ambos que parecía imposible, el vagabundo solidario...nada
de los relatos que le dan forma y cuerpo a la historia lucen verosímiles,
porque el guión está desarrollado al vapor, en medio
de la improvisación, como meros pretextos para justificar
las escenas digitalizadas de la destrucción y abrir las puertas
para el consabido happy end.
No
se nota el respaldo de la acuciosa investigación científica
que el director dice que se llevó a cabo ni se nota mucha
capacidad de imaginación, que en mayor medida afloraba en
El Día de la Independencia, aunque hay que mencionar
que esta última caía en situaciones más ramplonas
al mostrar el heroísmo norteamericano, donde proclamaban
el 4 de julio como el día de la independencia de todo el
mundo.
Yo
aprecio en El Día Después de Mañana
poco ingenio y una historia alejada del auténtico género
de la ciencia ficción. Lo que queda es un filme entretenido,
con vistosos efectos que no en balde son obra de la Industrial Light
and Magic de George Lucas, pero limitado; una película con
tendencia al convencionalismo, que a fin de cuentas, se convierte
en un producto hueco, incapaz de trascender.
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