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Terminó la 44 Muestra Internacional de Cine en México,
con más pena que gloria.
En
esta ocasión, el programa
consistió en 15 películas de estreno pero
una vez más la calidad fue irregular. Predominaron
las cintas medianas, muchas de ellas ahogadas por la pretenciosidad
o la monotonía.
Dos
obras alcanzaron niveles de un alto nivel: Héroe, la obra maestra del chino Zhang Yimou
y la española El Séptimo Día de Carlos
Saura. Sin embargo, la primera de ellas, como ocurre constantemente
en las Muestras, fue exhibida en la cartelera comercial casi
inmediatamente a su recorrido por las diversas salas de este
evento. Faltaron los grandes títulos recientes del cine mundial.
El problema es que la programación se arma a partir de
los títulos disponibles en las distribuidoras.
Sin
embargo, lo lamentable fue su escasa difusión y su
limitada promoción. Salvo la Cineteca Nacional, a
la que acudió su público habitual, las demás
salas del circuito comercial que albergaron la Muestra, permanecieron
vacías.
No
había ni una referencia a este evento,
ninguna motivación ni gancho para atraer a los espectadores.
Fue un evento que, a causa de una escasa visión promocional,
se llevó al desfiladero. Qué añoranza de aquellos viejos años en
lo que la Muestra era todo un acontecimiento cultural de gran
importancia en la capital de la República. |