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Regresan los Oscares. El ultimo domingo de febrero la Academia de
Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood entregará,
por 77a. ocasión, el premio más prestigiado y afamado,
el más relevante y controvertido en el mundo del cine. Ningún
otro galardón genera tanta expectativa.
Un total de 34 películas de ficción, además
de cinco largometrajes documentales y 15 cortometrajes, aspiran
a las estatuillas que se otorgan en 24 categorías.
En este año, la emotiva aventura fílmica de Martin
Scorsese, El Aviador, es la favorita. La vibrante biografía
épica del magnate Howard Hughes, que delinea su excéntrica,
obsesiva y compleja personalidad, tiene el mayor número de
nominaciones, con 11. Casi siempre, los filmes con la mayor cantidad
de nominaciones se llevan el Oscar a la mejor película. En
los últimos 10 años, la única excepción
ha sido Una Mente Brillante, que con ocho nominaciones,
superó en 2002 a la primera cinta de El Señor
de los Anillos: La Comunidad del Anillo, que había cosechado
13.
La única producción que podría arrebatarle
el Oscar principal a El Aviador, es La Chica del Millón
de Dólares, dirigida e interpretada por Clint Eastwood.
En todo caso, Eastwood constituye un rival más serio en la
carrera con Scorsese por el premio al mejor director, en lo que
sin duda, sera la categoría más disputada.
Por un lado, la Academia tiene ante sí la gran oportunidad
de distinguir, por fin, a uno de los cineastas contemporáneos
más importantes y destacados a nivel mundial, como lo es
Martin Scorsese, quien a sus 62 años de edad nunca ha ganado
el Oscar, a pesar de que ésta es su quinta nominación
como director (las anteriores fueron por El Toro Salvaje, La
Ultima Tentación de Cristo, Buenos Muchachos y Pandillas
de Nueva York).
En contrapartida, cada vez cobra mayor impulso el ascenso de Eastwood
hacia su segundo Oscar, 13 años después del que obtuvo
por Los Imperdonables, en la que, al igual que en este
año, también fue nominado como mejor actor. Por lo
pronto, ya superó a Scorsese al ganar el Globo de Oro y el
premio del gremio de directores, el cual ha coincidido ocho veces
con el Oscar en los últimos diez años. Las excepciones
fueron Ron Howard por Apolo 13 y el taiwanés Ang Lee por
El Tigre y el Dragón, quienes perdieron el Oscar
ante Mel Gibson y Steven Soderbergh por Corazón Valiente
y Tráfico, respectivamente.
Eastwood, quien está por cumplir 75 años, goza la
mejor etapa creativa de su carrera. El año pasado fue nominado
por ese excepcional drama que es Río Místico.
Lo que es un hecho es que El Aviador sera la película
más premiada de la noche de los Oscares. Sin embargo, es
altamente probable que la magnífica actuación de Leonardo
di Caprio, del que ya nadie puede poner en duda su gran talento,
no sea recompensada con la estatuilla, simplemente porque el reconocimiento
unánime ha sido para Jamie Foxx por su igualmente sorprendente
caracterización del recién fallecido músico
ciego Ray Charles.
Foxx
tuvo que filmar durante 12 horas diarias con los ojos tapados por
párpados de plástico. El Oscar para él parece
inminente y si hay otra estatuilla que luzca más segura es
la de Los Increíbles como mejor película
de animación, categoría con la que la Academia reconoce
desde hace tres años la alta calidad artística alcanzada
por este género.
En cuanto al rubro de actuación femenina, hay dos contendientes
en la recta final: Annette Bening por Being Julia e Hilary
Swank por La Chica del Millón de Dólares,
quien ya tiene un Oscar en su haber por Los Muchachos no Lloran,
lo que facilita las posibilidades para Bening en su tercera nominación
y segunda como actriz estelar, tras la que recibió por Belleza
Americana, precisamente en el año en el que la triunfadora
fue Swank.
Sin
embargo Hilary, acaba de ganar el premio del sindicato de actores
(SAG) por su papel como Maggie, la mesera boxeadora, en el filme
de Eastwood, y su interpretación alcanza niveles tan brillantes
que necesariamente debe considerarse como la favorita.
El Proceso de Selección
Año
con año el Oscar suscita la polémica. Sus detractores
lo acusan de no premiar a tal o cual película o a éste
o aquél actor por motivos de índole política
o moral. Varios críticos, por ejemplo, señalaron insistentemente
que la Academia no se atrevería a premiar una obra como Belleza
Americana por la hipocresía que la caracterizaba.
La cinta ganó los Oscares principales y ninguno de ellos
reconoció su error.
Ese mismo año también se comentó que si no
se premiaba a El Informante era porque se trataba de un
filme políticamente incorrecto. Es decir, no había
manera de que la Academia se salvara de las diatribas.
Ahora, una vez
más, aparecen idénticos cuestionamientos, que en su
gran mayoría se derivan de un desconocimiento de los mecanismos
de selección del Oscar.
Lo primero que hay que juzgar es la calidad del trabajo de los nominados
o de los premiados. El mérito fundamental del Oscar es que
se trata de un proceso democrático. No es un galardón
que se otorga por consigna o por la presión que un votante
ejerce sobre los demás en un grupo pequeño que se
reúne para discutir a quién premiar, como sucede en
los festivales.
Tratándose
de una cuestión de gustos, que entra en el terreno de lo
subjetivo, donde aspirar a la unanimidad resulta imposible, ¿por
qué no respetar la opinion de una mayoría?
Y eso es precisamente
lo que se hace en los Oscares: una votación secreta y directa
entre los miembros de la Academia. No se trata de un premio de popularidad
ni de una distinción de la crítica. Es un reconocimiento
de los profesionales de la industria del cine a sus propios colegas.
Actualmente,
la Academia está constituida por más de 5,600 miembros
con derecho a voto, entre actores (que conforman casi una cuarta
parte), directores, guionistas, fotógrafos, editores, directores
de arte, músicos, entre otros, y continuamente se incorporan
nuevos integrantes.
Para elegir
las nominaciones cada uno selecciona cinco nombres en la categoría
a la que pertenecen: los directores votan por los directores, los
actors por los cuatro rubros de actuación, etc. así
como por las cinco producciones que compiten como la mejor película.
Una vez que aparecen las nominaciones, todos votan en todas las
categorías.
Es un proceso
que posee las ventajas y las desventajas inherentes a una elección
política democrática: de manera individual, cada votante,
en mayor o menor medida, es influenciado por la publicidad, por
afectos y simpatías personales, entre diversos aspectos.
Pero no hay consignas. Hay que subrayar que la Academia ha impuesto
varias restricciones a la labor que los estudios pueden realizar
con los académicos. Así, está prohibido el
envío de obsequios o artículos promocionales.
Es
verdad que en la entrega de los Oscares, no han sido pocas las omisiones
y los errores históricos, muchos derivados de la premura
con que se debe valorar el peso y la dimension de los candidatos.
Pero también han abundado los aciertos. Entre ellos, el del
año pasado cuando se distinguió a Sean Penn a pesar
de su postura contra el establishment en Hollywood y su oposición
a la Guerra en Irak.
Lo que es un
hecho es que más allá de la inevitable controversia,
la calidad prevalece entre los galardonados. El Oscar no premia
a la mediocridad.
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