Diciembre de 2004. 

ALEJANDRO MAGNO: FRACASO HISTÓRICO
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Como en pocos años anteriores, en 2004 abundaron los grandes fracasos comerciales. Dos estrenos recientes de cintas de gran envergadura que obtuvieron ingresos por debajo de sus expectativas, dieron prueba del sinuoso camino de la conquista de la taquilla, la cual sigue siendo un fenómeno impredecible.

La primera de ellas fue El Expreso Polar, que con una inversión de 165 millones de dólares, se convirtió en la cuarta producción más costosa de la historia, sólo por detrás de Titanic, Troya y Terminator 3.

Fuertemente atacada por la crítica norteamericana, la cinta, producida por la Warner Bros. con la participación de diversas compañías pequeñas, entre ellas Playtone de Tom Hanks (que había logrado un éxito gigantesco con Casarse Está en Griego (My Big Fat Greek Wedding), apenas si rebasó la barrera de 100 millones de dólares, y perdió por paliza la carrera comercial con Los Increíbles, el filme de Pixar distribuido por Disney, el cual, estrenado casi al mismo tiempo, cosechó más de 250 millones en Estados Unidos.

Si consideramos que del monto total de los ingresos en taquilla, sólo 40 por ciento regresa a manos de los productores ya que el resto se divide entre los distribuidores y los propietarios de las salas, la Warner deberá esperar largamente a que la película concluya su exhibición a nivel mundial y sobre todo, pase al video, para estar en posibilidades de recuperar algo de su cuantiosa inversión.

Pero la realidad fue que a pesar de su innovación tecnológica, El Expreso Polar no tenía los elementos para competir con el ingenio y el irresistible encanto que ha caracterizado a todas las películas de Pixar, propiedad del magnate de Apple, Steve Jobbs. El director Robert Zemeckis no pudo superar el reto de convertir un cuento clásico de 30 páginas en un largometraje de 100 minutos, por lo que el filme carece de chispa y es abundante en escenas forzadas.

El segundo descalabro comercial de fin de año fue mucho más espectacular: Alejandro Magno (Alexander), la grandilocuente obra del célebre Oliver Stone, que se fue brutalmente al despeñadero con ridículos ingresos de alrededor de 40 millones de dólares cuando su producción requirió un presupuesto de 130 millones. Producida por Castle Rock, filial de la propia Warner y con apoyo de capital inglés y alemán, el filme es decepcionante.

Al lado de sus emotivas y espectaculares escenas de las batallas de Persia e India, no resulta convincente porque Stone fracasa en el manejo de la legendaria figura histórica del conquistador y lo que nos ofrece es un insípido retrato que en nada corresponde a la grandeza que sólo en teoría se expresa en el filme.

Alejandro Magno queda así como uno de los mayores fracasos de la historia del cine.

Considerando su recaudación en EUA, su déficit fue de 85 millones de dólares, una proporción negativa casi sin comparación en los anales fílmicos. Este desequilibrio sólo es semejante al de La Pirata (The Cutthroat Island), con Geena Davis; El Cartero (The Postman), dirigida e interpretada por Kevin Costner; la cinta de animación japonesa Final Fantasy; la patética comedia con Eddie Murphy, Las Aventuras de Pluto Nash; Planeta Rojo (Red Planet), y la gris comedia de absurdo título en español, No Más Sexo (Town & Country), con Warren Beatty y Diane Keaton.

Pero el año pasado nos dejó también otros estrepitosos tropiezos de realizaciones que precisamente manejaron un esquema dirigido a la búsqueda del éxito comercial, pero sin sustento inteligente: La Vuelta al Mundo en 80 Días (Around the World in 80 Days), Gatúbela (Catwoman) y El Capitán Sky y el Mundo del Mañana (Captain Sky and the World of Tomorrow).

Todas ellas costaron más de 100 millones de dólares y sus ingresos estuvieron por debajo de los 40 millones.

En el otro lado de la moneda, también se registraron sorprendentes casos de éxito en el box office de cintas de muy bajo presupuesto que apostaron a propuestas audaces y obtuvieron ingresos muy por arriba de lo estimado. Entre éstos, destacan los casos del filme de terror The Grudge, que con un presupuesto de 25 millones cosechó 110 millones, apoyada en una inusual pero eficaz campaña publicitaria por radio que emprendió la Universal; de Mar Abierto (Open Water), una modesta producción independiente, sin un solo efecto especial, de medio millón de dólares (cuatro veces menos de lo que cuesta una película mexicana normal), la cual recaudó 35 millones, pero sobre todo, del polémico documental de Michael Moore, Fahrenheit 9/11, que no requirió más de un millón de dólares en su realización pero obtuvo ingresos brutos por 118 millones en Estados Unidos, beneficiado por la controversia política sobre el presidente Bush y la guerra en Irak.

Y es que sin duda alguna, más allá de estrategias mercadotécnicas, en el cine la publicidad de boca en boca sigue desempeñando un papel fundamental.

 
     
  Eduardo Marín Conde  

 




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 Última actualización 13 de Diciembre de 2004.