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Cine
como testigo de la realidad. Después de permanecer recluido
en pequeñas salas de universidades o museos, el documental
vive una etapa de auge
Los recientes
festivales de Madrid y Málaga, realizados casi de manera
simultánea, y que en conjunto exhibieron más de 250
títulos, demostraron el sorprendente crecimiento de este
género pero sobre todo, su capacidad para atraer a una audiencia
masiva y llenar las salas.
Hubo
películas que se convirtieron en todo un acontecimiento:
Seres Extravagantes, un retrato del fallecido escritor
cubano Reinaldo Arenas que plantea una denuncia contra el régimen
de Fidel Castro y la represión a los homosexuales; Ni
Locas ni Terroristas, sobre los adictos a la heroína,
e Invierno en Bagdad, un testimonio sobrecogedor de la
guerra en Irak. Como muestra de la gran variedad temática,
una de las joyas fue Dont Look Back, nueva película
sobre la gira que el entonces jovencísimo Bob Dylan realizó
en 1966, la cual sigue el estilo trazado por Nanuck el Esquimal:
transmitir sentimientos de los sucesos, sin brindar datos ni detalles
explicativos.
Nunca
como en los últimos dos años han surgido tantos documentales
relevantes que han llamado la atención del público.
Entre éstos, destaca Inside Deep Throat, una mirada
al filme porno de 1972, estelarizado por Linda Lovelace, que transformó
la cultura erótica.
Un
hombre ha sido clave en la evolución del género: el
norteamericano Michael Moore, feroz enemigo del presidente George
Bush, quien con su peculiar estilo atrajo multitudes y rompió
mitos. Primero, con Masacre en Columbine (Bowling for Columbine),
su visión de la masacre de estudiantes de una preparatoria
en Ohio a manos de dos de sus compañeros armados hasta los
dientes, la cual cosechó 20 millones de dólares en
Estados Unidos, cantidad que se antojaba inalcanzable para el género
y fue premiada con el Oscar como mejor largometraje documental.
Moore saltó a la fama cuando, a escasos cuatro días
del inicio de la guerra contra Irak en marzo de 2003, atacó
duramente a Bush al recibir la estatuilla en el estrado del auditorio
Kodak de Los Angeles.
El
siguiente paso fue más audaz. Con su habilidad para enganchar
al espectador, mezclando datos verídicos con una visión
tendenciosa, causó un gran revuelo con Fahrenheit 9/11,
un efectivista manifiesto anti Bush. El éxito fue sorprendente:
la película se convirtió en todo un fenómeno
sociológico que rccaudó 120 millones de dólares
sólo en el mercado norteamericano. Además, fue distinguida
con la Gran Palma de Oro del más prestigiado festival del
mundo, el de Cannes, lo que nunca había sucedido con un documental.
Varios
directores consagrados han incursionado en el género, conservando
un lenguaje propio del cine, diferente a la línea didáctica
de programas científicos de television, lo que ha representado
una bocanada de aire fresco.
Así, el famoso Oliver Stone, dos veces ganador del Oscar
como mejor director por Pelotón (Platoon) y
Nacido el 4 de Julio (Born on the Fourth of July), emprendió
hace tres años su polémico proyecto sobre Fidel Castro
en Comandante, inmediatamente antes de la detención de decenas
de disidentes politicos en Cuba. La HBO, productora del filme, se
negó a exhibirlo. Stone regresó a la isla y con capital
de Francia y España realizó una segunda cinta: Looking
for Fidel. Acusado de parcial y de complaciente, Stone sin
embargo, consigue que el propio Castro evidencie su autoritarismo.
Varios
documentales están disponibles en las tiendas de video en
nuestro país, incluido el popular Super Engórdame
(Super Size Me), una manipuladora crítica al valor nutricional
de la comida de Mc Donalds.
Pero
lo que en verdad vale la pena son Retratando a la Familia Friedman
(Capturing the Friedmans), la historia de un hombre acusado
de pedofilia, y Niebla de Guerra (The Fog of War), retrato
del secretario de Defensa durante la Guerra de Vietnam, Robert McNamara,
que también se exhibieron en las salas de cine, al igual
que la inglesa Tocando la Cima (Touching the Void), impactante
crónica de la lucha por sobrevivir de un alpinista perdido
en Los Andes, y la francesa Alas de Sobrevivencia, sobre
las aves migratorias. Todas ellas son muestras de la calidad, del
género, cuya emotividad surge de la vida misma.
Otra
cinta que recientemente causó un gran impacto en EUA fue
Enron: The Smartest Guys in the Room, testimonio del escándalo
financiero de la poderosa corporación.
El
cine mexicano tampoco ha estado alejado de esta tendencia y este
año han surgido interesantes propuestas, como Ni muy
muy ni tan tan, en la que el director Manuel Márquez
sigue la trayectoria del célebre actor Tin Tan, y Toro Negro,
del joven promesa Pedro González Rubio, nieto del cineasta
Servando González, inventivo drama sobre las ilusiones de
un joven indígena por triunfar en los ruedos. Lo que requieren
ahora son opciones de exhibición.
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